La Confederación General del Trabajo (CGT) atraviesa un momento de redefinición estratégica tras haber fracasado en su intento de frenar en la Justicia la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei. El revés judicial dejó a la central obrera en una posición incómoda, obligándola a explorar nuevas herramientas para sostener su influencia en el debate económico y político. En ese marco, la conducción sindical decidió avanzar en la creación de un observatorio de estadísticas socioeconómicas y laborales, un proyecto que apunta a disputar la legitimidad de los datos oficiales y fortalecer su rol en las negociaciones colectivas.
Un convenio con la UBA
El plan contempla la firma de un convenio con la Universidad de Buenos Aires (UBA), que aportará respaldo metodológico y especialistas técnicos. Con su colaboración, la CGT elaborará informes mensuales que incluirán un índice alternativo de inflación, mediciones sobre empleo y estimaciones del costo de la canasta básica. La iniciativa, que será presentada en los próximos días, busca dotar al sindicalismo de un “INDEC propio” capaz de confrontar las cifras oficiales y ofrecer un relato alternativo sobre la situación social.
Reveses judiciales y ofensiva legal
La decisión llega después de una serie de derrotas en los tribunales. La impugnación a la nueva legislación laboral fue rechazada tanto en primera instancia como en apelación en el fuero Contencioso Administrativo. Pese a ello, la ofensiva legal continúa: la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación (UEJN) presentó un nuevo amparo en el fuero laboral para declarar la invalidez de 64 artículos vinculados al derecho colectivo, argumentando que vulneran garantías constitucionales.
Tensiones internas y competencia entre gremios
Mientras tanto, la CGT enfrenta tensiones internas. Sectores más combativos, nucleados en el Frente de Sindicatos Unidos (FRESU), han ganado protagonismo en conflictos laborales y anunciaron sus propios sistemas de medición económica. La competencia por la representación del movimiento obrero se intensifica, y la conducción tradicional se ve obligada a responder con iniciativas que le permitan recuperar centralidad.
Herramienta para las paritarias
Los dirigentes confían en que disponer de estadísticas propias reforzará sus argumentos en las próximas discusiones paritarias. En un escenario donde el gobierno busca acuerdos salariales por debajo de la inflación y con plazos más largos que los habituales, contar con indicadores alternativos podría convertirse en un recurso clave para sostener reclamos. Al mismo tiempo, la preocupación por la desaceleración económica, las suspensiones y los despidos en distintos sectores productivos alimenta la necesidad de contar con información precisa para anticipar escenarios de conflictividad.
Un clima social contenido
Sin embargo, el malestar social no se traduce aún en un aumento de la protesta sindical. Los dirigentes observan con sorpresa que parte de los trabajadores responsabiliza más a la gestión anterior que a la actual, y que el temor a perder el empleo actúa como freno a la movilización. La CGT interpreta que este clima podría modificarse si el deterioro del empleo se profundiza, recordando la experiencia de los años noventa, cuando el aumento del desempleo erosionó el respaldo político al gobierno de Carlos Menem.
Mirada hacia 2027
Con la mirada puesta en el mediano plazo, la central obrera no sólo busca resistir en el plano gremial, sino también influir en la construcción de una alternativa política hacia las elecciones presidenciales de 2027. No obstante, las divisiones internas continúan siendo un obstáculo para consolidar una estrategia común. Entre la necesidad de reinventarse y las tensiones que la atraviesan, la CGT apuesta a que su “INDEC propio” sea el primer paso para recuperar protagonismo en un escenario sindical y político cada vez más disputado.