El Índice de salarios registró un incremento nominal del 2,4% en febrero de 2026. No obstante, al cruzar esas cifras con la inercia de los precios, se exponen asimetrías estructurales que reconfiguran el mapa laboral y plantean un desafío mayúsculo para la política económica nacional y provincial.
En un escenario macroeconómico donde la inflación sigue marcando el pulso del humor social y del poder adquisitivo, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó los datos sobre la evolución de los ingresos.
El documento oficial, difundido por el Ministerio de Economía, indica que el indicador acumula una suba del 5,0% respecto de diciembre de 2025, y sitúa la variación interanual en 35,8%. Para evaluar el impacto real en el bolsillo y la pérdida frente a la inflación es imprescindible desagregar el promedio. En febrero, el Sector privado registrado apenas avanzó 1,6%, el Sector público subió 2,3%, mientras que el Sector privado no registrado experimentó un salto de 4,6% en el mismo período.
La informalidad frente a los precios
El incremento interanual del 75,1% para los trabajadores informales contrasta con el 27,6% de los formales y el 27,4% de los estatales. ¿Significa esto que el empleo precarizado está superando al costo de vida? Los especialistas y los propios datos técnicos advierten que no.
El cálculo del componente no registrado se construye a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y arrastra un rezago metodológico de cinco meses, derivado del uso de promedios trimestrales móviles de las medias geométricas de los ingresos. Según un consultor especializado en dinámicas laborales y de consumo, “lo que los datos del INDEC muestran hoy con ese salto mensual del 4,6% es la recomposición tardía que el sector informal ensayó meses atrás para amortiguar el golpe inflacionario. No es un signo de vitalidad actual del mercado, sino una fotografía rezagada de pura supervivencia”.
Federalismo fiscal: la brecha entre Nación y provincias
Al analizar el empleo estatal, la comparación entre salarios y precios revela una profunda grieta política y financiera. El subsector público nacional registró una magra suba mensual del 0,6% (21,3% interanual). En cambio, el subsector público provincial aumentó 2,9% en el mes, alcanzando 30,3% interanual.
Poner salarios e inflación en la misma balanza exige series históricas robustas. El índice vigente es de tipo Laspeyres y toma como referencia octubre de 2016 (100). El propio informe recuerda implícitamente las épocas de opacidad en los tableros del Estado: las series publicadas entre el primer trimestre de 2007 y el cuarto trimestre de 2015 deben ser consideradas con reservas debido a la emergencia estadística declarada entonces sobre el organismo.
Para dimensionar la gravedad actual es clave observar la composición del universo laboral medido, donde las ponderaciones se refieren a masas salariales. En la estructura del índice, el Sector privado registrado representa el 50,16%, el Sector público el 29,91%, y el Sector privado no registrado abarca el 19,93% restante.
Hoy el diagnóstico es ineludible. Que los salarios formales, que traccionan a más del 80% de la economía productiva y estatal, se muevan en la franja del 1,6% y 2,3% mensual en un contexto de constante remarcación de precios consolida un escenario de retracción. La economía argentina exhibe una segmentación dolorosa: un sector formal amparado por la ley que pierde la carrera nominal mes a mes, y un sector informal que, aunque muestra porcentajes de aumento más altos en las estadísticas, corre siempre desde atrás en la implacable maratón inflacionaria de Argentina.