Alerta hídrica en Mendoza: los ríos vienen con menos de la mitad de su caudal histórico esta temporada
Irrigación admitió en un informe sobre las precipitaciones níveas y la baja del caudal en los principales ríos de Mendoza.
PorGabriela Valdés
14 de enero de 2026 - 07:56
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El río Mendoza, uno de los que viene con menos caudal.
El panorama hídrico de la provincia de Mendoza ha ingresado en una fase crítica este verano. El último Boletín de Información Hidronivometeorológica, emitido por el Departamento General de Irrigación, confirma que la escasez de agua vuelve a reiterarse en Mendoza como una realidad estadística que golpea con dureza a todos los oasis productivos. Con caudales que, en algunos casos, apenas alcanzan un tercio de lo que solía ser normal.
Así lo informó el Departamento General de Irrigación en un informe sobre las precipitaciones níveas y los caudales de esta temporada publicado en las últimas horas. Los datos que se desprenden del informe alertan por una temporada de sequía y bajo caudal en los principales ríos de todo el territorio.
El DGI precisó que su caudal medio diario en la sección de La Gotera es de apenas 48 m³/s, una cifra que palidece frente a su promedio histórico de 141 m³/s. Esta relación indica que el río está operando a tan solo el 34% de su capacidad histórica. La realidad ha superado las proyecciones más pesimistas, situándose incluso por debajo del caudal medio mensual de diseño para esta época del año.
rio grande
El Río Grande, en Malargüe, viene con bajo caudal esta temporada.
La presión sobre este río es máxima, ya que debe garantizar un flujo constante de 7.0 m³/s para abastecer a la población y a la industria a través del Dique Derivador Cipolletti. Esto deja un margen cada vez más estrecho para el riego agrícola, que actualmente absorbe 17 m³/s, obligando a una erogación sostenida del Embalse Potrerillos para compensar la falta de agua natural del río.
caudal medio diario
Los diques, con bajas reservas
Los diques muestran también signos de la sequía que atraviesa la provincia. Los porcentajes de llenado actuales revelan una vulnerabilidad estructural en varios sistemas:
Sistema Atuel: Los embalses Nihuil y Valle Grande se encuentran en un estado crítico, con apenas un 43% de su volumen total. El Nihuil está al 46%, mientras que Valle Grande desciende hasta un alarmante 37%.
El Carrizal: En el Río Tunuyán, este dique fundamental para el este mendocino está al 46% de su capacidad.
Potrerillos: Se mantiene al 66%, un nivel moderado pero en descenso respecto al año anterior.
Río Diamante (Agua del Toro y Los Reyunos): Se encuentra al 93% de llenado, aunque este volumen es fruto de una gestión restrictiva, ya que el caudal natural del río es de apenas 26 m³/s frente a una media de 56 m³/s.
valle grande
Dique Valle Grande, en San Rafael, parte del sistema de Los Nihuiles.
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Cumbres y glaciares afectados por la sequía
El origen de esta escasez se encuentra en las altas cumbres. El reporte de las estaciones nivométricas de Irrigación arroja un dato contundente: 0 mm de equivalente agua de nieve en todas las estaciones de control, desde Horcones hasta Valle Hermoso, en Malargüe.
La falta de reservas de glaciares activos indica que el sistema depende exclusivamente del deshielo residual profundo y de eventuales tormentas de verano. Las estaciones de alta montaña como Toscas o Laguna del Diamante registran temperaturas medias diarias de 13.4°C y 9.0°C, acelerando la evaporación y el derretimiento de los escasos recursos sólidos restantes.
El análisis gráfico que cierra el boletín permite visualizar la gravedad del ciclo 2025-2026. La línea roja, que representa el presente periodo, se ubica sistemáticamente por debajo de la curva del promedio histórico y de casi todos los registros de la última década.
Se desprende del informe de Irrigación que Mendoza no está ante una "mala temporada" pasajera; los datos de Irrigación del 13 de enero de 2026 consolidan la visión de una provincia que debe aprender a producir y sobrevivir con la mitad del agua que históricamente definió su fisonomía. La eficiencia en el riego y el control estricto de las erogaciones de los embalses son hoy las únicas herramientas disponibles para evitar que los oasis se enfrenten a un colapso hídrico total antes del final del verano.