La adhesión al paro de los gremios que nuclean a los trabajadores de estos sectores hizo imposible garantizar la normal prestación de los vuelos programados. Sin carga ni descarga de equipaje, sin apoyo operativo en pista y sin coordinación logística, la mayoría de las aerolíneas se vieron obligadas a suspender sus operaciones.
La excepción la marcó Flybondi, que gracias a contar con servicios de rampa propios logró mantener su programación habitual. Esta autonomía operativa la convirtió en la única aerolínea que pudo garantizar sus vuelos sin depender de Intercargo.
La escena en la terminal aérea fue la de un aeropuerto semiparalizado. Algunos pasajeros, sorprendidos por la suspensión de sus vuelos, debieron reprogramar sus itinerarios o buscar alternativas de transporte terrestre.