En su intento por revertir el dominio actual de Mercedes en la Fórmula 1, Ferrari dio un golpe clave y estratégico en uno de los frentes más sensibles que tiene la categoría: la gestión energética de su unidad de potencia.
- La escudería de Maranello incorporó una figura clave para el desarrollo del monoplaza
- El mismo sería fundamental por la lucha de la Fórmula 1
En su intento por revertir el dominio actual de Mercedes en la Fórmula 1, Ferrari dio un golpe clave y estratégico en uno de los frentes más sensibles que tiene la categoría: la gestión energética de su unidad de potencia.
La escuderia incorporó al ingeniero francés Maxime Martínez como nuevo responsable de rendimiento en el área de la unidad de potencia, una pieza que podría resultar clave en la evolución del monoplaza italiano en la segunda mitad del campeonato.
Martínez llega a Maranello tras completar el periodo de espera reglamentario luego de su salida del equipo Nissan de Fórmula E, donde trabajó en sistemas eléctricos de alto rendimiento. Su perfil se ve reforzado por una experiencia previa en Mercedes, donde se desempeñó como ingeniero de control del tren de potencia, precisamente uno de los puntos fuertes del conjunto alemán.
La incorporación del joven ingeniero francés se produce en un contexto en el que Ferrari busca reducir la brecha técnica frente a Mercedes, particularmente en el ámbito de la recuperación y despliegue de energía eléctrica.
Dentro del Departamento de Competición de Ferrari, liderado por Enrico Gualtieri, Martínez podría aportar soluciones innovadoras en un área donde cada detalle resulta determinante. Su conocimiento de los sistemas híbridos de Mercedes representa un valor añadido en la búsqueda de optimización del rendimiento global.
El actual propulsor de Ferrari, identificado como 067/6, presenta un rendimiento sólido en fases de potencia media, pero evidencia una pérdida estimada de unos 25 caballos frente a Mercedes cuando se exige al máximo, especialmente en la segunda mitad de las rectas.
Uno de los puntos críticos radica en la curva de par, que muestra una entrega excesiva a bajas revoluciones. Este comportamiento podría estar afectando negativamente la eficiencia en regímenes altos, donde se vuelve crucial tanto la potencia pura como la capacidad de recarga energética mediante sistemas como el “superclipping”.
Ferrari optó por una filosofía técnica arriesgada: un motor que opera a temperaturas elevadas para reducir masas radiantes, lo que permite mejoras en peso y, sobre todo, en eficiencia aerodinámica al disminuir el drag. Esta elección también implica el uso de un turbocompresor ligeramente más pequeño, sacrificando cerca de 10 caballos en favor de beneficios globales en el rendimiento del monoplaza.