El precio del petróleo creció más de 10% este domingo, con el barril de crudo Brent cotizando alrededor de USD80, impulsado por la escalada del conflicto en Oriente Medio después de los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán y las advertencias sobre interrupciones en rutas clave del transporte petrolero.
Tensión en Medio Oriente y cierre de rutas clave
El principal factor detrás del salto en los precios fue la crisis geopolítica en el Golfo Pérsico, donde los ataques y la amenaza de cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa más del 20% del petróleo mundial. Esto impactó fuertemente en los mercados energéticos globales.
Operadores petroleros y analistas indicaron que la interrupción de los flujos de crudo y combustibles a través de ese paso marítimo crítico aumentó el riesgo de escasez y disparó las cotizaciones.
¿Hasta cuánto podría subir el barril?
Si bien el Brent cotiza cerca de USD80 por barril, varios analistas del sector estiman que podría llegar a los USD100 o más si persisten las tensiones y la interrupción de los envíos continúa durante un período prolongado. Expertos destacaron que incluso con un pequeño aumento planeado de producción por parte de OPEP+, esto podría no ser suficiente para compensar la potencial pérdida de 8 a 10 millones de barriles diarios si el estrecho permanece cerrado.
Libia entra en juego
Libia retoma la producción de crudo, donde campos estratégicos habían estado inactivos por inestabilidad política y logística. Aunque la producción de al-Mabruk es modesta frente al consumo mundial, ayuda a estabilizar los mercados y asegurar suministros a largo plazo.
Los 25–30 mil barriles diarios contribuyen a aliviar presiones de precios internacionales, aunque de manera limitada. Al mismo tiempo, Libia envía señales de estabilidad, generando confianza en mercados energéticos y refinadores.
Mercados y criptomonedas
El reciente aumento del precio del petróleo y la inestabilidad en su suministro generó incertidumbre en los mercados financieros, afectando a acciones, bonos y divisas.
Esta volatilidad también se traslada a activos como Bitcoin y otras criptomonedas, de manera indirecta, a través de la percepción de riesgo macroeconómico y las expectativas sobre inflación y estabilidad global.