El informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) revela una alarmante caída en la cantidad de empleadores entre noviembre de 2023 y enero de 2026. La pérdida de empresas y puestos de trabajo registrados refleja una contracción sin precedentes.
Las principales afectadas son las pequeñas unidades productivas y sectores clave de la economía nacional.
El retroceso del empleo
La dinámica laboral durante los primeros 26 meses de gestión de Javier Milei muestra un retroceso marcado en casi todos los indicadores de la seguridad social. Según los datos procesados por el CEPA en base a la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, la cantidad de trabajadores registrados en unidades productivas se redujo en 290.123 personas.
Esta cifra, sumada a la caída en el sector de casas particulares, eleva el total de empleos perdidos a niveles críticos para la estabilidad social. El sector de la construcción se posiciona como el más afectado en términos relativos, con una caída del 17,8% en su dotación de personal. Esta parálisis en la obra pública y privada ha generado un efecto dominó que impacta directamente en el consumo y en la actividad de las pequeñas empresas que dependen de este rubro.
Las Pymes son las más afectadas
Por otro lado, el informe destaca que la desaparición de empresas no fue uniforme. El 99,74% de los empleadores que dejaron de existir corresponden a firmas de hasta 500 trabajadores. Esto significa que las pymes han sido las principales víctimas de la actual coyuntura económica, enfrentando un promedio de 30 cierres diarios.
En contraste, aunque las grandes empresas de más de 500 empleados explican una porción mínima de la caída de unidades productivas, son responsables del 64,38% de los despidos totales. Esta disparidad sugiere que, mientras las pequeñas organizaciones desaparecen del mercado por insolvencia, las grandes corporaciones aplican fuertes ajustes en sus plantillas para mantener su rentabilidad en un contexto de recesión profunda.
Finalmente, el sector de transporte y almacenamiento también registró números negativos históricos, con una pérdida de 5.899 empleadores en términos absolutos. La caída en la cantidad de trabajadoras de casas particulares, que alcanzó las 27.056 bajas, funciona como un termómetro de la crisis en los hogares, que han tenido que recortar gastos esenciales ante la pérdida de poder adquisitivo. La combinación de la eliminación de subsidios, la flexibilización de hecho y la menor inversión dibuja un escenario complejo donde la calidad del empleo se deteriora aceleradamente, desplazando a miles de ciudadanos hacia la informalidad para intentar cubrir sus necesidades básicas.