La renuncia de Marco Lavagna este lunes por la mañana a la dirección del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) no fue una decisión intempestiva ni aislada, sino el desenlace de un proceso que el Gobierno nacional venía evaluando desde hacía tiempo.
Aunque el propio funcionario comunicó su salida a los empleados del organismo a través de una carta en la que habló de “proyectos personales”, en la Casa Rosada admiten que su apartamiento respondió a una combinación de factores técnicos, políticos y personales.
De acuerdo a lo informado por el portal Infobae, uno de los ejes centrales que aceleró su salida fue la tensa relación que Lavagna mantenía con el ministro de Economía, Luis Caputo, de quien dependía orgánicamente el INDEC. En los últimos meses se registraron desacuerdos recurrentes en torno a la gestión del organismo y, en particular, sobre los cambios que el Gobierno impulsa en las herramientas de medición de la inflación.
La "bomba" que detonó la salida de Marco Lavagna
Los mencionados cruces generaron preocupación en la cúpula del Poder Ejecutivo, que considera al INDEC una pieza clave en la estrategia económica y comunicacional de la gestión.
En ese marco, la actualización de la metodología para calcular el índice de precios fue interpretada por las autoridades como una ventana de oportunidad para avanzar en un recambio de conducción, con el objetivo de alinear más estrechamente al organismo con la hoja de ruta del Ministerio de Economía.
A este escenario se sumaron cuestiones de orden político. Lavagna arrastraba un pasado partidario ligado al Frente Renovador, el espacio liderado por Sergio Massa, y había asumido al frente del INDEC durante la presidencia de Alberto Fernández, como parte del equilibrio interno del peronismo en el gobierno anterior.