Este martes se dio a conocer que el Departamento de Justicia de Estados Unidos omitió por completo al Cártel de los Soles de las acusaciones que pesan contra Nicolás Maduro. Este hecho blanqueó al mundo que esta organización no existe per se sino que se trata de un término genérico acuñado por los medios de comunicación hace varios años.
En agosto de 2025, en línea con la narrativa que venía aplicando la gestión de Donald Trump, el Ministerio de Justicia de Argentina incorporó al Cártel de los Soles dentro del Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET).
Este tipo de medidas abonaron la idea generalizada de que se trataba de una estructura concreta ligada al narcotráfico, hecho que escapa a la realidad. Pero, cuándo y cómo surge la idea de la existencia del Cártel de los Soles.
Origen y etimología
No existe una organización concreta con acta de fundación, sino que es una denominación que evolucionó desde el lenguaje mediático y judicial de los años 90.
Su nombre hace referencia a una particularidad de las Fuerzas Armadas de Venezuela, donde los generales de brigada portan un sol en sus charreteras; los generales de división, dos soles, y los mayores generales, tres. El nombre, por tanto, surgió cuando se detectó a oficiales de estos rangos liderando operaciones ilícitas.
La utilización del término puede rastrearse hasta 1993, cuando se utilizó por primera vez de forma masiva tras la investigación contra los generales de la Guardia Nacional Ramón Guillén Dávila y Orlando Hernández Villegas. Originalmente se hablaba del "Cártel del Sol" (en singular), pero se pluralizó al descubrirse que no era un caso aislado, sino una práctica extendida en la institución.
¿Cártel de los Soles o sistema clientelar?
Expertos de organismos como InSight Crime y la ONU coinciden en que la estructura difiere de los cárteles convencionales (como el de Medellín o Sinaloa) por su falta de jerarquía vertical.
Según la información que se maneja se trata de una red informal de células, es decir, una serie de células desconectadas entre sí que operan dentro del Estado. No existe un "capo" único en el sentido tradicional, sino un sistema de corrupción donde funcionarios militares y políticos facilitan el paso de cargamentos a cambio de beneficios económicos.
En 2020, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la ONU confirmó indicios de que grupos delictivos infiltraron las fuerzas de seguridad venezolanas para asegurar rutas de cocaína hacia Europa y Estados Unidos.
Del narco al oro
Un informe de Global Initiative revela que esta red ha diversificado sus ingresos más allá del narcotráfico, encontrando en la minería ilegal un refugio financiero estratégico. Así, ante la presión sobre el tráfico de drogas, el oro ilegal se convirtió en una herramienta de lavado de activos más segura. En Venezuela, entre el 80% y 90% del oro se extrae de forma ilícita, detalla la investigación.
Y suma que elementos vinculados a esta red gestionan minas artesanales en zonas remotas, donde ejercen control social mediante la violencia, la explotación laboral y la trata de personas, provocando además desastres ambientales por el uso de mercurio.
¿Existen evidencias?
A lo largo de tres décadas, diversos incidentes y desertores han aportado pruebas sobre la operatividad de esta red. Uno de los episodios que se toma como referencia fue la condena en Nueva York de los sobrinos de la primera dama venezolana por el tráfico de 800 kg de cocaína, y el decomiso en 2013 de 1,3 toneladas de droga en un vuelo de Air France que partió de Caracas.
A esto se le suman los datos aportados por el exmagistrado Eladio Aponte Aponte y exjefes de inteligencia como Leamsy Salazar y Hugo "El Pollo" Carvajal sobre rutas y la complicidad de las altas esferas del poder en Venezuela.