En un giro que amenaza con fracturar las alianzas de seguridad establecidas desde la posguerra, la administración de Donald Trump ha reafirmado que la adquisición de Groenlandia es una "prioridad de seguridad nacional", elevando la tensión al mencionar explícitamente el uso del poder militar para lograrlo.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que el equipo presidencial evalúa "una serie de opciones" para traspasar el territorio autónomo danés a manos estadounidenses. "Utilizar el ejército de Estados Unidos es siempre una opción a disposición del comandante en jefe", declaró Leavitt, subrayando que el objetivo es disuadir a adversarios estratégicos en la región ártica.
La doctrina de la "necesidad estratégica" de Groenlandia
Desde su regreso al poder en enero de 2025, Trump ha mantenido una postura transaccional y firme sobre la isla. El jefe de gabinete adjunto, Stephen Miller, reforzó esta línea al asegurar que Groenlandia "debe ser parte de Estados Unidos" y minimizó la posibilidad de una resistencia armada por parte de terceros.
Por su parte, el propio presidente Trump vinculó la situación ártica con la política exterior en el hemisferio sur. En una reciente entrevista con The Atlantic, sugirió que las intervenciones estadounidenses —citando el caso de Venezuela— sirven como precedente de lo que Washington está dispuesto a hacer por sus intereses, dejando en el aire las consecuencias de un ataque a gran escala para la soberanía de otros territorios.
Europa y la OTAN en alerta máxima
La respuesta desde Copenhague no se hizo esperar. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, lanzó una advertencia sombría: si Estados Unidos atacara militarmente a un aliado de la OTAN, la alianza misma dejaría de existir, junto con el orden de seguridad global vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
En una muestra de unidad sin precedentes, los líderes de las principales potencias europeas emitieron una declaración conjunta:
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Reafirmaron que solo Dinamarca y Groenlandia tienen potestad para decidir sobre su futuro.
Subrayaron que la seguridad del Ártico es crítica y que Europa está incrementando su presencia militar en la zona para proteger sus intereses.
Los aliados vigilan no solo la amenaza militar, sino también la "coerción económica" que Trump ha mencionado como herramienta de negociación.
Groenlandia, rica en recursos naturales y con una ubicación geográfica inigualable para el control de las rutas polares, se ha convertido en el centro de un tablero de ajedrez donde las reglas de la diplomacia tradicional parecen estar siendo reescritas. Mientras Trump insiste en que la isla es vital para la "defensa", los aliados europeos ven en esta ambición un peligro existencial para la estabilidad internacional.