El escenario geopolítico del Ártico se ha tensionado de manera drástica en la última semana. Es que, si bien Estados Unidos ya había expresado su interés por Groenlandia, tras la incursión en Venezuela, Donald Trump subió el tono de sus declaraciones.
En una respuesta sin precedentes, los principales líderes de los partidos políticos de Groenlandia cerraron filas para rechazar las pretensiones de la administración de Trump, reafirmando que su nación no está a la venta y que su futuro depende exclusivamente de la autodeterminación de su pueblo.
Bajo el título "Estamos juntos como un pueblo", el documento conjunto surge como una reacción directa a las polémicas declaraciones del presidente estadounidense. Trump había redoblado la apuesta horas antes, señalando que Washington buscaría adquirir el territorio -actualmente una nación autónoma bajo el Reino de Dinamarca- bajo la consigna de hacerlo "por las buenas o por las malas", asegurando además que su gestión intervendría sobre la isla "les guste o no".
Soberanía y dignidad nacional en Groenlandia
La respuesta groenlandesa fue tajante. "Nosotros no queremos ser estadounidenses", sentenciaron los dirigentes locales en el comunicado. En el texto, exigieron a la Casa Blanca que cese de "menospreciar" a su país y subrayaron que cualquier discusión sobre el destino del territorio debe respetar la ley de autogobierno y el derecho internacional.
Para los líderes de la isla, las palabras de Trump no solo representan una amenaza a la integridad territorial, sino una falta de respeto a la identidad soberana de los habitantes de Groenlandia.
Si bien el arco político fue contundente en su rechazo a la anexión, el documento aclara que mantienen la voluntad de sostener vínculos diplomáticos y económicos con los Estados Unidos y otros aliados de Occidente. No obstante, marcaron un límite infranqueable: el pueblo groenlandés es el único soberano para decidir cualquier gestión concerniente a su suelo.
El conflicto pone de manifiesto la creciente importancia estratégica de Groenlandia -rica en recursos naturales y con una ubicación clave para el control del Ártico-, pero también la resistencia de una pequeña nación frente a las ambiciones de la mayor potencia del continente.