En un movimiento que redefine el tablero geoeconómico global, el Consejo de la Unión Europea ha dado luz verde este viernes al acuerdo de libre comercio con el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). Tras años de parálisis, el órgano europeo ha logrado desbloquear el pacto.
Esto despeja el camino para crear la zona de libre comercio más grande del planeta, con un mercado potencial de 720 millones de consumidores.
La decisión llega en un momento de máxima tensión internacional, apenas seis días después de la captura por la fuerza de Nicolás Maduro y bajo la sombra de la agresiva política arancelaria de la administración de Donald Trump. Para Bruselas, este acuerdo no es solo una transacción comercial, sino una cuestión de supervivencia y credibilidad exterior.
Una votación marcada por la resistencia interna
El avance ha sido posible gracias a un cambio de postura de Italia, que finalmente se decantó por el "sí" tras obtener concesiones clave de la Comisión Europea. Sin embargo, el consenso no ha sido total.
En el bloque que mantuvo su negativa se encuentra: Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda. En tanto, Bélgica optó por no tomar partido y se abstuvo.
El próximo paso, que será clave, lo dará la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo, António Costa, quienes viajarán la próxima semana a Sudamérica para la firma protocolaria.
El impacto económico del acuerdo con la Unión Europea: la "joya de la corona"
La Comisión Europea defiende el pacto con cifras contundentes frente a la crisis de competitividad que atraviesa el continente. Se estima que las exportaciones europeas podrían aumentar en 84.000 millones de euros y generar más de 750.000 empleos adicionales.
Los grandes beneficiados serán los sectores industriales —automovilístico, químico y farmacéutico—, así como la industria agroalimentaria, que verá desaparecer aranceles prohibitivos en productos como el queso (28%), el vino (27%) y las bebidas espirituosas (35%).
El campo europeo en pie de guerra
Pese a las proyecciones económicas, el sector agrícola europeo continúa en rebeldía. Las protestas se han multiplicado en todo el continente durante las últimas 48 horas. Los agricultores consideran insuficientes las salvaguardas semiautomáticas aprobadas a finales de 2025, que permiten reintroducir aranceles si las importaciones sudamericanas crecen más de un 5% o si los precios internos caen un 10%.
Ni el adelanto de los pagos de la Política Agraria Común (PAC) para el periodo 2028-2034, ni la suspensión de aranceles a los fertilizantes, han logrado aplacar el temor de los productores rurales a una competencia que consideran desleal.
Aunque el Consejo ha dado su aval, el acuerdo aún debe enfrentar su última gran prueba: la ratificación del Parlamento Europeo. En una legislatura marcada por el auge de los grupos de ultraderecha y el rechazo de La Izquierda, se prevé una votación sumamente ajustada donde los intereses nacionales de cada eurodiputado podrían dinamitar la disciplina de voto de los grandes bloques.