Alfredo Cornejo usó la vidriera del Desayuno de la Coviar para exhibir con orgullo lo que considera su principal legado político: el ajuste en Mendoza y fue más allá: dijo que sólo Javier Milei, abanderado de la motosierra, lo superó en la materia. "Cuesta encontrar una jurisdicción en el país que haya encarado semejante ajuste. Solo es comparable al que ha hecho el presidente Milei, que alcanza a 5 puntos del producto bruto". Un dato ilustra el ajuste ejecutado por el mandatario desde su primera gobernación: en 10 años cayó 20 puntos el salario de los trabajadores estatales.
“Hace años nuestra provincia tomó una decisión clara: construir un Estado ordenado, previsible y razonable”, afirmó, en una frase que sintetiza su mirada sobre la gestión pública. Para el senador radical y exgobernador, el orden se traduce en recortes, reducción del gasto corriente y un Estado que se achica para dejar espacio al sector privado.
El ajuste como bandera
Cornejo celebró que “Mendoza redujera de manera sostenida el peso del gasto corriente sobre su Producto Bruto Geográfico, con una caída de 4 puntos en una década”. Y no dudó en compararse con el presidente Javier Milei: “Cuesta encontrar una jurisdicción en el país que haya encarado semejante ajuste. Solo es comparable al que ha hecho el presidente Milei, que alcanza a 5 puntos del producto bruto”. La comparación no es casual: busca instalar la idea de que Mendoza fue pionera en el camino del ajuste que hoy se nacionaliza.
El gobernador insistió en que no se trata de un mero tecnicismo: “Esto no es solamente un dato técnico. Es una definición de fondo. Significa que Mendoza eligió no vivir del desborde, no sostener privilegios improductivos, no hacer crecer el gasto por inercia”. En su relato, el ajuste aparece como una épica de racionalidad y eficiencia. Sin embargo, detrás de esa narrativa se ocultan los efectos concretos: salarios estatales que perdieron poder adquisitivo, servicios públicos debilitados y una provincia que, lejos de “no paralizarse”, enfrenta serias dificultades en áreas sensibles como salud y educación.
Cornejo dijo que ordenó prioridades
Cornejo se jactó de haber “profesionalizado el Estado, ordenado prioridades y liberado recursos para que el sector privado —que es el verdadero motor del empleo y de la inversión— tenga más espacio para crecer”. La frase revela la concepción ideológica que subyace a su discurso: el Estado debe retirarse, ceder terreno, y confiar en que el mercado resolverá lo que la política pública deja de atender.
Según Cornejo, el ajuste no paralizó a Mendoza. “Ese orden no implicó paralizar la provincia. Mendoza no ajustó destruyendo capacidad estatal. Por el contrario, sostuvo la inversión pública en niveles responsables y preservó áreas estratégicas”. Según él, mientras se reducía el gasto corriente, “se mantuvo la inversión de capital en torno a 1,5% y 2% del PBG, y ahora lo estamos incrementando, de la mano del Fondo del Resarcimiento, un fondo que equivale a 7 puntos del PBG, destinado íntegramente a infraestructura”.
Las obras que ponderó el gobernador
La enumeración de obras —“eficiente uso del agua, caminos, energía eléctrica”— busca reforzar la idea de que el ajuste no fue sinónimo de desinversión. Pero la realidad cotidiana de los mendocinos muestra otra cara: hospitales con recursos limitados, escuelas con infraestructura precaria y trabajadores estatales que reclaman recomposiciones salariales. El “orden” que Cornejo celebra se tradujo en un Estado más débil frente a las necesidades sociales.
“Quiero decir: ordenamos para sostener e incrementar el desarrollo y establecer las bases para el crecimiento. Ese es el rol del Estado”, concluyó. La definición, sin embargo, parece más un eslogan que una descripción fiel de lo ocurrido. El crecimiento prometido no se refleja en indicadores de bienestar ni en mejoras sustantivas para la mayoría de la población.