Inflación fuera de góndola: el ítem de tarifas, servicios y alquileres creció más del doble en Mendoza
La inflación en tarifas y servicios básicos pegó un salto a 7,8% en febrero en Mendoza.Santiago Tagua/ElEditor Mendoza
La inflación en tarifas y servicios básicos pegó un salto a 7,8% en febrero en Mendoza.Santiago Tagua/ElEditor Mendoza
La inflación en tarifas y servicios básicos pegó un salto a 7,8% en febrero en Mendoza.Santiago Tagua/ElEditor Mendoza
La inflación en tarifas y servicios básicos pegó un salto a 7,8% en febrero en Mendoza.Santiago Tagua/ElEditor Mendoza
Lo que mata al bolsillo no está en las góndolas y volvió a quedar demostrado con el IPC de febrero en Mendoza, donde el rubro que abarca a las tarifas (Viviendas y Servicios) creció más del doble. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Gran Mendoza, publicado por la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), mostró en febrero un incremento del 2,5% respecto a enero, con una variación acumulada anual de 5,5%. Sin embargo, detrás de esa aparente desaceleración se esconde una realidad mucho más dura: los rubros inelásticos, aquellos que no admiten recortes, se dispararon muy por encima del promedio y están devorando el poder adquisitivo de las familias.
Como contraparte, el ítem de la indumentaria, con la industria textil argentina en caída libre y la apertura indiscriminada de importaciones marcó una baja de 1%, y 1,7% acumulada desde enero.
El caso paradigmático es el de Vivienda y servicios básicos. En enero había subido 3,6%, pero en febrero el salto fue del 7,8%, más que duplicando su ritmo. Este capítulo incluye electricidad, gas, agua y alquileres, gastos inevitables que no pueden reducirse sin afectar la vida cotidiana.
Como el índice de la DEIE, tal como ocurre con el del INDEC, no pondera de igual manera tarifas y alimentos, la incidencia en el IPC fue de 0,5 puntos, menos que la comida, aunque es uno de los principales motores de la inflación. Los cambios en la medición que iban a difundirse en enero y que fueron descartados por el gobierno de Javier Milei detonaron la salida de Marco Lavagna.
En estos ítems, la elasticidad de la demanda es clave: se trata de bienes inelásticos, cuya cantidad consumida no varía aunque los precios se disparen. La consecuencia es directa: cada aumento en tarifas se traduce en una pérdida inmediata de capacidad de consumo en otros rubros.

El transporte, otro rubro inelástico, también presiona sobre los hogares mendocinos. En enero había registrado un alza del 3,6%, cuando el boleto de micro se fue a 1.200 la tarifa plana, y aunque en febrero se moderó al 1,2%, su peso en la economía doméstica es ineludible.
Moverse para trabajar, estudiar o acceder a servicios es indispensable. La combinación de aumentos en colectivos, combustibles y comunicaciones genera un efecto cascada que repercute en toda la estructura de gastos. La variación interanual del transporte alcanza el 38,8%, lo que refleja que, más allá de la moderación mensual, el impacto acumulado es fuerte y persistente.

Santiago Tagua/ElEditor Mendoza
Los alimentos, históricamente el rubro más sensible, se comportaron en línea con el promedio: 3,8% en enero y 3,7% en febrero. Esto genera una ilusión de estabilidad en la góndola, pero oculta el verdadero deterioro del poder adquisitivo. Según estimaciones cruzadas con ingresos actualizados por IPC, los gastos en vivienda y servicios básicos ya implican una pérdida del 42,5% en la capacidad de compra. En otras palabras, aunque las familias logren mantener su consumo alimentario, lo hacen a costa de destinar una proporción cada vez mayor de sus ingresos a pagar tarifas y alquileres.

Santiago Tagua/ElEditor Mendoza
La atención médica y los gastos de salud, otro rubro de demanda rígida, también muestran tensiones. En febrero subieron 2,3%, acumulando un 4,5% en el año y un 28,5% interanual. Aunque no tan inelásticos como la vivienda, estos gastos son altamente inflexibles, especialmente en casos de necesidad. Los hogares pueden postergar controles preventivos o elegir opciones de menor calidad, pero los tratamientos crónicos y las urgencias no admiten recortes. El resultado es una presión adicional sobre el presupuesto familiar.
La fotografía de febrero revela un cambio respecto a enero. Mientras entonces la inflación se repartía de manera más homogénea entre alimentos, transporte, educación y esparcimiento, en febrero el foco se concentró en vivienda y servicios básicos. Es donde más creció el IPC pese a que su incidencia no esté ponderada en el índice oficial.
La inflación general, en su número “formal”, parece ir a la baja, pero lo que realmente carcome el sueldo está fuera de la góndola. Los rubros inelásticos —gas, luz, agua, alquiler y transporte— capturan el poder adquisitivo en Mendoza y se llevan una porción cada vez más brutal del ingreso familiar.