VHS, teléfono fijo y diario papel: ítems que ponderan el INDEC y la DEIE de Mendoza para la inflación
El INDEC suspendió la difusión del dato de la inflación con la ponderación de las tarifas y detonó la salida de Marco Lavagna.
PorGabriela Valdés
4 de febrero de 2026 - 10:17
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La renuncia de Marco Lavagna como titular del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC)dejó al descubierto una vieja discusión sobre cómo se mide la inflación en la Argentina. El ministro Luis Caputo blanqueó que la salida de Lavagna se relaciona directamente con la suspensión de la difusión de la nueva canasta de bienes y servicios que debía entrar en vigencia en enero de 2026, que iba a ponderar con mayor peso la suba de servicios y otros bienes. Con esa decisión, el país quedó otra vez atado a un esquema de medición que refleja hábitos de consumo de hace más de veinte años, con productos que hoy resultan obsoletos y con ponderaciones que ya no representan la vida cotidiana de los hogares.
"En la medición del IPC lo que se toma es la evolución de precios de una canasta de consumo de hogares que ha quedado desactualizada -señaló a ElEditor Mendoza Agustín Giolo, del CEPA Mendoza-. Antes en la canasta los servicios pesaban menos. El consumo de gas, electricidad y transporte era menor. Ahora sin subsidios el peso es otro. Hay una extorsión en la medición".
Una canasta del 2004 para medir el presente
Según un informe de Chequeado, el INDEC releva cada mes unos 320 mil precios en 39 aglomerados urbanos. Sin embargo, la base metodológica sigue siendo la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2004/2005. En otras palabras, se mide el presente con los ojos del pasado. Así, la inflación oficial se construye sobre una canasta que todavía incluye ítems como alquiler de VHS, revelado de fotos, disquetes, fax, teléfono fijo, diarios de papel, contestadores automáticos, tocadiscos, CDs y DVDs vírgenes. También figuran calculadoras "de mesa y de bolsillo". Todos ellos forman parte de un mundo que ya no existe, pero que aún pesa en el índice.
telefonos
Parte de lo que incluye la medición de INDEC en cuanto a telefonía.
Como contraparte, no pondera con el peso adecuado las tarifas, que años atrás estaban fuertemente subsidiadas y desde que asumió Javier Milei, sobre todo en el primer semestre de 2024, tuvieron un crecimiento exponencial.
Distorsiones en la medición
La canasta define cuánto impacta cada aumento de precio en el índice general. Si un producto tiene alta ponderación, su suba repercute más en la inflación oficial.
Según un informe de Martin González-Rozada -director de la Maestría en Econometría del Departamento de Economía de la Universidad Torcuato Di Tella citado por el mencionado portal, “hay ciertos bienes y servicios que integrarían la canasta del IPC con la estructura de gasto de los hogares de 2017-2018 cuyos precios no se relevaban porque no aparecían en la canasta de 2004-2005, tal es el caso del servicio de streaming o el café en cápsulas”.
Inflación fuera de la góndola
Mientras la inflación general, que en el número "formal" va a la baja, acapara titulares, lo que realmente carcome el sueldo está fuera de la góndola. Los llamados rubros inelásticos: gas, luz, agua y alquiler son los que capturan el poder adquisitivo en Mendoza. Estos servicios esenciales, imposibles de recortar, aumentaron muy por encima del promedio y se llevan una porción cada vez más brutal del ingreso familiar en esta provincia.
Los datos oficiales de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) cruzados con los ingresos actualizados por IPC indican que, aunque los alimentos subieron, lo hicieron al ritmo del IPC, permitiendo una aparente estabilidad en el consumo. Sin embargo, el aumento en las boletas y el alquiler, rubros imposibles de recortar, se llevan una porción enorme del poder adquisitivo.
Lo que hubiera cambiado con la nueva metodología
La actualización prevista iba a corregir estas distorsiones. Basada en la ENGHo 2017-2018, la nueva canasta reducía el peso de alimentos y bebidas no alcohólicas (del 27% al 22,7%) y de la indumentaria (del 9,9% al 6,8%), mientras que aumentaba la incidencia de vivienda, agua, electricidad y gas (del 9,4% al 14,5%) y del transporte (del 11% al 14,3%). En términos prácticos, esto significaba que las tarifas y los alquileres iban a tener un impacto mayor en la inflación oficial.
Un estudio de la Universidad Torcuato Di Tella, dirigido por Martín González-Rozada, estimó que, con la nueva metodología, la inflación de 2025 hubiera sido de 33,6%, frente al 31,5% publicado. La diferencia no parece abismal, pero refleja un cambio de enfoque: la medición se acercaba más a la realidad de los hogares.
Mendoza y la dependencia del INDEC
En Mendoza, la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) sigue los lineamientos del INDEC por convenio. En la previa de la frustrada difusión de la nueva canasta, la DEIE había señalado: “La Provincia prioriza la unificación de criterios para evitar confusiones en la ciudadanía y garantizar indicadores comparables. La implementación de la nueva metodología se definirá en función de las decisiones que adopten las autoridades nacionales”.
En otras palabras, Mendoza quedó atada a la parálisis nacional. La provincia avanzaba en la construcción de una nueva canasta, pero su aplicación depende de lo que ocurra en Buenos Aires.
El impacto social de una medición obsoleta
El impacto social de esta desactualización es evidente. Los mendocinos, como el resto de los argentinos, sienten que la inflación oficial no refleja lo que pagan cada mes en el supermercado, en el alquiler o en las tarifas. La brecha entre el índice y la percepción ciudadana erosiona la confianza en las estadísticas públicas y recuerda, inevitablemente, a la época en que el kirchnerismo manipuló los índices que eran desfavorables.
La renuncia de Lavagna y la historia reciente del INDEC muestra que las estadísticas, sobre todo la parte que se difunde de las mismas, no son neutrales. La forma en que se mide la inflación define políticas públicas, negociaciones salariales, contratos y expectativas. Una canasta obsoleta no solo distorsiona el dato técnico: también condiciona la vida cotidiana de millones de personas.