Dólar atrasado.

¿Inflación de un dígito? Privados le bajan el pulgar a la promesa del Gobierno

-Analistas advierten que el ancla cambiaria y el ajuste fiscal son insuficientes

-El Gobierno busca llegar a agosto con inflación nula pese al atraso del dólar

El Editor Mendoza | ElEditor Mendoza
Por ElEditor Mendoza
9 de mayo de 2026 - 10:30

Según un reciente informe de la consultora Epyca, las herramientas utilizadas hasta el momento para frenar la escalada de precios, como el atraso del dólar oficial, el superávit fiscal rígido y el techo a las paritarias, no constituyen mecanismos sostenibles en el mediano plazo. Los expertos sostienen que, si bien estas medidas han servido para desacelerar los índices de 2024, carecen de las bases estructurales necesarias para garantizar una desinflación duradera sin generar costos colaterales profundos sobre el nivel de empleo y el consumo interno.

Inflación de un dígito: la promesa difícil de cumplir

La encrucijada actual es clara: mientras el Índice de Precios al Consumidor ronda el 3% mensual, el Gobierno debería lograr una reducción de dos puntos porcentuales en menos de un semestre para cumplir su promesa.

Esta meta choca con una realidad estadística contundente, ya que en la última década casi no se han registrado meses con registros inferiores al 1%.

El escenario se torna aún más complejo debido a la presión que ejercen los aumentos en las tarifas de servicios públicos y el transporte, que continúan ajustándose por encima del promedio general, sumado a un contexto internacional volátil marcado por los conflictos en Medio Oriente.

El rol del dólar se mantiene en el centro del debate económico. El uso del tipo de cambio nominal contenido como ancla inflacionaria ha comenzado a generar tensiones por el atraso real que acumula.

¿Qué pasa en el segundo semestre?

Los analistas advierten que esta estrategia podría volverse insostenible durante la segunda mitad del año, especialmente cuando se reduzca el flujo de divisas proveniente de la cosecha gruesa. Sin una flexibilidad que permita absorber shocks externos, el superávit fiscal —hoy convertido en un fin en sí mismo— podría transformarse en un peso excesivo para la inversión pública y el gasto social.

Finalmente, la estrategia de contener las negociaciones salariales por debajo de la inflación pasada con el fin de evitar la inercia está erosionando el poder adquisitivo de los hogares.

Con una sociedad cuya preocupación principal es la capacidad de llegar a fin de mes, el desafío del Ejecutivo radica en demostrar que la estabilidad de precios puede consolidarse sin profundizar el deterioro social. La consultora concluye que, por ahora, el esquema vigente apenas logra postergar los desequilibrios macroeconómicos sin resolver los problemas de fondo que impiden una estabilidad permanente.

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