La Plaza de Mayo volvió a ser escenario de una multitudinaria movilización en defensa de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, la bajada de línea libertaria intenta minimizar el impacto y oscila entre la indiferencia y la burla.
Mientras que los organizadores estimaban una asistencia cercana al millón de personas, en Balcarce 50 la cifra fue desacreditada de plano. “Fue como llenar la cancha de Huracán”, ironizó un funcionario, asegurando que los presentes no superaban los 50 mil.
Desde Casa Rosada se repitió una narrativa que tildó al encuentro como previsible y “poco representativo”. “Convocaron los mismos de siempre más algunos intendentes”, sostuvo una fuente del Ejecutivo a periodistas acreditados que se encargaron de esparcir el textual.
Bullrich, una de las voceras en contra
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, también se expresó al respecto: calificó al kirchnerismo como un movimiento “en franca decadencia” y acusó a la exmandataria de intentar victimizarse con un llamado a la “democracia sin violencia”.
La jornada transcurrió sin incidentes, bajo el monitoreo del comando unificado entre Nación y Ciudad. Según Bullrich, la manifestación respondió a una directiva explícita de Fernández de Kirchner para preservar la paz social.
Evitan hablar de proscripción
En el trasfondo, la situación judicial de la exvicepresidenta se mantuvo fuera del discurso oficial. Aunque la reciente sentencia de la Corte Suprema la inhabilita para ejercer cargos públicos, desde La Libertad Avanza evitaron confrontaciones directas, asegurando que sus planes no se alterarán.
Mientras tanto, el oficialismo volvió a poner en marcha su maquinaria interna. El vocero presidencial, Manuel Adorni, retomó sus conferencias y Karina Milei encabezó reuniones de la mesa chica para ajustar el rumbo frente a un nuevo capítulo en la vida política argentina.