A primera vista, los datos parecen alentadores: en el primer trimestre de 2025, la tasa de desocupación en el Gran Mendoza se ubicó en el 6,9%, por debajo de la media nacional del 7,9%. También la tasa de actividad (personas que trabajan o buscan trabajo) y la tasa de empleo son superiores a las nacionales, con 49,0% y 45,7% respectivamente, frente al 48,2% y 44,4% del promedio del país.
Sin embargo, una lectura más fina del informe del INDEC revela un panorama menos optimista: el 18,3% de los ocupados en Mendoza están buscando otro trabajo, lo que posiciona a la provincia entre los niveles más altos del país en términos de “ocupados demandantes”. Esta categoría incluye a quienes, aun teniendo empleo, no están conformes con sus condiciones laborales y salen activamente a buscar alternativas.
El trabajo no logra cubrir expectativas básicas
Lo más preocupante de este indicador es su persistencia. En comparación con el mismo trimestre del año anterior, el porcentaje se mantiene estable, lo que indica que la insatisfacción laboral en Mendoza es estructural, no coyuntural. Esto sugiere que más allá de tener o no empleo, la calidad de ese trabajo no logra cubrir expectativas básicas: estabilidad, salario digno o posibilidad de desarrollo.
Además, la tasa de subocupación alcanza el 12,3%, superando el 10,0% nacional. Es decir, muchas personas trabajan pocas horas pero desean y necesitan trabajar más, un fenómeno que se solapa con la alta demanda de empleo alternativo y refuerza la idea de precarización.
Mendoza en comparación con otras provincias
El contraste con otras ciudades de tamaño y estructura económica similares permite dimensionar mejor el fenómeno. Mientras en el Gran Santa Fe sólo el 8,0% de los ocupados busca otro trabajo y en el Gran San Luis la cifra es idéntica (8,0%), en el Gran Córdoba asciende a un preocupante 29,9%, el valor más alto del país.
Una parte de la explicación podría encontrarse en la estructura económica provincial. Mendoza depende fuertemente de sectores como la vitivinicultura, el turismo y el comercio minorista, donde los empleos suelen ser estacionales, temporarios o informales. A diferencia de Santa Fe, que cuenta con un entramado agroindustrial robusto y salida portuaria, o de San Luis, que goza de políticas provinciales de incentivo industrial y bajo desempleo histórico, Mendoza ofrece empleos más fluctuantes y menos protegidos.
El caso de Córdoba responde a una crisis más profunda: los ajustes en los sectores automotriz y manufacturero —tradicionales motores del empleo privado en esa provincia— han provocado una avalancha de búsqueda de empleos alternativos que explican su récord en ocupados demandantes.
El monotributo como escape al desempleo
Otro dato sobresale en Mendoza del informe del INDEC: el crecimiento de la cantidad de monotributistas. El informe señala que el 23,5% de los ocupados mendocinos son cuentapropistas, una proporción similar a la nacional pero que ha venido aumentando de manera sostenida desde 2024.
Este fenómeno, que superficialmente podría leerse como un auge del espíritu emprendedor, responde más bien a un escenario de falta de empleo formal. Sin acceso a un trabajo en relación de dependencia con derechos laborales garantizados, muchas personas recurren al autoempleo como única opción para generar ingresos.
En este universo entran desde feriantes, pequeños comerciantes y trabajadores de oficios, hasta repartidores de apps o conductores de plataformas digitales. Sin embargo, también hay empresas que ofrecen esa modalidad de contratación en lugar de colocar a los empleados en planta. Aunque algunos encuentran en esta modalidad cierta autonomía, la gran mayoría lo hace sin cobertura social, sin aportes jubilatorios y con ingresos inestables, reproduciendo una nueva forma de vulnerabilidad laboral.
Mendoza por encima del promedio nacional
Mendoza supera el promedio nacional en la tasa de "ocupados demandantes de empleo "(16,1%) y también está por encima del promedio de Cuyo (17,4%), pero está por debajo de San Juan (20,1%).
Contraste con San Luis (8,0%) y Santa Fe (8,0%): Estas ciudades muestran mercados laborales más estables, con menos ocupados buscando cambiar de empleo.
Caso extremo: Córdoba (29,9%). La cifra más alta del país refleja una grave insatisfacción laboral, posiblemente vinculada a crisis sectoriales (ej. automotriz).
Relación con el desempleo: No siempre hay correlación directa. Por ejemplo San Juan tiene baja desocupación (4,5%) pero alta demanda de empleo alternativo (20,1%). Córdoba combina alto desempleo (9,2%) con una tasa récord de ocupados demandantes (29,9%).
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