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Mendoza mira la guerra: Irán vuelve sobre el estrecho y tensiona el manejo local de la economía

La lejanía de la provincia con el teatro de operaciones de guerra es inversa a la posición de Mendoza en el tablero de la geopolítica que va cambiando sin paz.

El Editor Mendoza | Javier Polvani
Por Javier Polvani
18 de abril de 2026 - 18:47

La inestabilidad en Medio Oriente volvió a encender las alarmas globales tras el ataque de lanchas cañoneras iraníes contra un buque cisterna en el Estrecho de Ormuz. Para la Argentina, y en particular para Mendoza, no se trata de un conflicto lejano: es una amenaza directa a la estabilidad de los precios internos y la logística energética.

Este paso estratégico, por donde circula casi el 20% del petróleo mundial, vuelve a estar bajo amenaza de restricciones de Teherán, que acusa a Estados Unidos de “faltas de confianza”.

Mientras Washington e Irán se preparan para una ronda de negociaciones clave este lunes, la tensión ya repercute en los mercados internacionales.

La guerra, a 12 mil kilómetros

La escalada bélica en Medio Oriente no solo resuena en los despachos diplomáticos de las grandes potencias, sus ondas expansivas llegan hasta el corazón productivo de la Argentina. A más de 12.000 kilómetros de distancia, Mendoza siente el conflicto en sus rutas, en sus bodegas y en el bolsillo de sus ciudadanos. El encarecimiento del petróleo y la volatilidad financiera global configuran un escenario de tormenta perfecta para una provincia que vive de mover sus frutos al mundo.

En Mendoza, la preocupación es doble. Un mayor precio del crudo puede engrosar regalías, pero el encarecimiento del transporte golpea de lleno a la cadena agroindustrial, motor provincial.

puerto

Históricamente, la economía mendocina ha sido un termómetro sensible a los shocks externos. Desde la crisis del petróleo de los años 70 hasta la invasión de Irak en 2003, cada disrupción en el Estrecho de Ormuz o en los campos petroleros del Golfo Pérsico se ha traducido en un dolor de cabeza para Mendfoza.

Causa estructural

La razón es estructural: Mendoza depende del transporte terrestre para colocar su vino, sus frutas y sus hortalizas en los puertos. Con el barril de crudo en alza, cada kilómetro recorrido por un camión implica un flete más caro y, por ende, un productor menos competitivo a nivel planetario.

En el tablero de la administración provincial, la guerra introduce un dilema complejo. Por un lado, Mendoza es una provincia hidrocarburífera. Un precio internacional alto del crudo engrosa, en teoría, la caja de las regalías petroleras. Sin embargo, el alivio fiscal es efímero y engañoso: la producción de petróleo provincial mostró un franco declive en los últimos años, mientras el gobierno de Alfredo Cornejo intenta sin éxito concreto poner a andar la industria shale en la lenga norte de Vaca Muerta, enterrado bajo el suelo de Malargüe.

Como contrapartida a lo potenciales beneficios efímeros de la suba del precio del crudo, el Estado debe afrontar mayores costos en subsidios al transporte público y en la obra pública, cuyos materiales están dolarizados o atados al costo de la energía. A esto se suma la presión inflacionaria. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) provincial ya muestra tensión en el rubro alimentos y bebidas, un golpe directo al poder adquisitivo local.

Punto de estrangulamiento histórico

El Estrecho de Ormuz ha sido el “talón de Aquiles” de la economía global. En los años 80, durante la llamada Guerra de los Tanques, fue escenario de hostilidades constantes. La geografía favorece a Irán: el canal tiene apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho, lo que permite bloquear el tráfico con relativa facilidad.

El analista Jorge Castro lo resume: “El Estrecho es la variable de ajuste de Irán ante las sanciones. Cada vez que la presión aumenta, la respuesta es amenazar el flujo petrolero, lo que dispara el valor del Brent”.

Motivaciones e implicancias geopolíticas

La estrategia iraní es de “presión máxima inversa”: atacar buques y amenazar el estrecho para forzar concesiones de Washington antes de las negociaciones. El escenario se complica por la frágil tregua en el Líbano, donde Israel mantiene restricciones sobre 55 aldeas, tensando aún más la región.

Para el cono sur, la consecuencia es clara: volatilidad energética que obligará al Palacio de Hacienda a recalibrar subsidios y metas fiscales. La internacionalista Elsa Llenderrozas lo sintetiza: “Lo que ocurre en Ormuz impacta en el costo de transportar un malbec mendocino hacia Shanghái o Rotterdam”.

Diplomacia y riesgo

El mundo observa con cautela las negociaciones del lunes. Un fracaso no solo empujaría el barril por encima de los 90 dólares, sino que desataría disrupciones en las cadenas globales de suministro. Para la Argentina, el desafío será blindar su recuperación económica frente a los vientos de guerra que soplan desde el Golfo Pérsico.

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Sergio Marinelli, funcionario del riñón de Alfredo Cornejo, maneja el agua de Mendoza desde la jefatura de Irrigación. 

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