Del CRICyT al museo del parque.

Ritual de madrugada y gran operativo: el Niño del Aconcagua inició el regreso a su morada sagrada

Con una ceremonia y un operativo de gran despliegue, este sábado trasladaron la momia del Niño del Aconcagua.

El Editor Mendoza | ElEditor Mendoza
Por ElEditor Mendoza
9 de noviembre de 2025 - 13:50

Operativo en la madrugada

La jornada comenzó a las cinco de la mañana, con un ritual de despedida en el exterior del Conicet. Representantes de pueblos originarios realizaron una ceremonia con pluma de cóndor mientras técnicos embalaban cuidadosamente el cuerpo momificado. La caravana avanzó lentamente hacia el museo, custodiada por la Policía de Mendoza.

Una vez allí, se acondicionó la sala de guarda Gualtach Caye, un espacio con control térmico y acceso restringido, diseñado para garantizar la conservación física, química y biológica de la ofrenda. El niño descansará sin exhibición pública, en condiciones dignas y seguras, indicó el Gobierno.

ceremonia momia 1

Un acto de reparación histórica

El traslado es parte de un plan acordado en la Mesa de Diálogo Intercultural, consolidada en 2020, que reúne a representantes de comunidades indígenas y autoridades provinciales. Para los pueblos originarios, este paso constituye un acto de reparación histórica: reconocer al niño como un ancestro y no como objeto de estudio.

“Hoy es un gran paso de poder traer al niño a este museo. Hace muchos años que venimos pidiendo por esto y ahora esperamos que dentro de un tiempo pueda descansar en paz al pie del Aconcagua”, expresó Noemí “Mimí” Jofré, representante de la comunidad Xumec Huarpe Cacique Sixto Jofre.

El hallazgo de 1985 en el Aconcagua

El niño fue descubierto el 8 de enero de 1985 por cinco andinistas mendocinos: Gabriel Cabrera, los hermanos Fernando y Juan Carlos Pierobon, y Franco y Alberto Pizzolon, quienes intentaban abrir una nueva ruta por la pared sur del Aconcagua. A casi 5.400 metros de altura, hallaron un tocado de plumas amarillas y negras que cubría la cabeza del pequeño. Los restos estaban momificados y en posición fetal, rodeados de muros de piedra y acompañado por estatuillas de oro y plata. Los estudios determinaron que se trataba de un sacrificio ritual del Imperio Inca, realizado hacia el año 1500 en el marco de la ceremonia de capacocha, ofrenda al Sol y a las deidades de la montaña.

niño inca expedicion
El grupo de montañistas se acercó y vieron unas plumas amarillas y negras. Era el tocado del nene sacrificado por los incas (Centro cultural de alta montaña www.culturademontania.org.ar/)

El grupo de montañistas se acercó y vieron unas plumas amarillas y negras. Era el tocado del nene sacrificado por los incas (Centro cultural de alta montaña www.culturademontania.org.ar/)

Dos semanas después del hallazgo de los andinistas, el arqueólogo Juan Schobinger encabezó una expedición científica que confirmó la magnitud del descubrimiento: un cuerpo momificado, acompañado por ajuar ceremonial, que se convirtió en uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de la historia de Mendoza.

El sacrificio en una ceremonia inca

El Niño del Aconcagua fue ofrendado en el marco de la ceremonia inca conocida como capacocha, uno de los rituales más solemnes del Imperio. Estas prácticas se realizaban en las cumbres sagradas, los apus, y consistían en entregar objetos valiosos o incluso vidas humanas como muestra de gratitud y devoción al Sol y a las deidades de la montaña. Los niños elegidos debían ser sanos y sin defectos físicos, pues se consideraba que su pureza transmitía energía y vitalidad al Inca y a los dioses. Vestidos con túnicas de lana llamadas uncu y acompañados por un rico ajuar de estatuillas de oro y plata, eran llevados en procesiones desde Cusco hasta los confines del imperio. Una vez en la montaña, eran adormecidos con chicha de maíz y depositados en fosas selladas herméticamente, junto a ofrendas ceremoniales.

Así ocurrió en el Aconcagua, donde el niño fue sepultado en posición fetal, protegido por muros semicirculares de piedra y cubierto por hielos eternos que conservaron su cuerpo durante más de 500 años. Así ocurrió en el Aconcagua, donde el niño fue sepultado en posición fetal, protegido por muros semicirculares de piedra y cubierto por hielos eternos que conservaron su cuerpo durante más de 500 años.

"n día histórico para Mendoza"

El subsecretario de Cultura de Mendoza, Diego Gareca, destacó el carácter histórico del día: “Es fundamental entender este trabajo como un día histórico para Mendoza, para la sociedad, para nuestra cultura”. El doctor Walter Manucha, del Conicet, subrayó la trascendencia internacional: “Este traslado es un acto histórico de reparación a la comunidad y de trascendencia no solamente provincial sino nacional e internacional porque es patrimonio de la humanidad”. La directora de Patrimonio de la provincia, Cristina Sonego, recalcó el trabajo conjunto con las comunidades del Qhapaq Ñan y agradeció la colaboración de técnicos y especialistas.

Regreso a la montaña

El traslado al Museo Cornelio Moyano es una etapa previa al regreso definitivo del niño al Aconcagua. El plan contempla la construcción de una cripta y un pequeño santuario en la montaña, a más de 5.300 metros de altura, que podrá ser visitado por los escaladores. Allí, el niño descansará en el mismo lugar donde fue ofrendado hace más de 500 años, cerrando un ciclo que une arqueología, espiritualidad y memoria.

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