Una investigación judicial reveló cómo "La Banda del Millón" operaba desde una cárcel bonaerense, usando celulares y chats para planificar robos violentos, entraderas y logística delictiva mientras los líderes permanecían detenidos.
- Internos detenidos coordinaban entraderas, marcaban objetivos y negociaban armas desde la cárcel
- La Justicia secuestró los celulares
Una investigación judicial reveló cómo "La Banda del Millón" operaba desde una cárcel bonaerense, usando celulares y chats para planificar robos violentos, entraderas y logística delictiva mientras los líderes permanecían detenidos.
El material secuestrado incluye videollamadas durante delitos, fotos de botín y mapas de objetivos, confirmando la sofisticación de su accionar.
Los registros hallados en los dispositivos secuestrados muestran que los internos coordinaban robos violentos y entraderas, asignándose roles claros dentro de cada operación, desde el ingreso hasta la huida. Además, utilizaban los celulares para marcar domicilios y objetivos en tiempo real, lo que les permitía planificar con precisión cada golpe y minimizar riesgos durante los delitos.
Los audios y chats también evidencian la negociación de armas, vehículos y herramientas, fundamentales para ejecutar los robos y asegurar el control sobre cada acción delictiva.
Por último, se detectaron videollamadas y audios realizados mientras se cometían los golpes fuera de la cárcel, lo que demuestra que la banda operaba de manera simultánea y coordinada, incluso estando sus líderes detenidos.
A raíz del caso, la Justicia dictó prohibición del uso de celulares a algunos detenidos vinculados a la banda. El objetivo es cortar la posibilidad de que los internos sigan coordinando delitos desde su lugar de detención.
El fiscal general adjunto de San Isidro solicitó además que se extienda la medida para evitar que otros internos utilicen teléfonos o dispositivos conectados a internet para delinquir desde prisión.
Este caso refleja una situación recurrente en el país: los internos utilizan celulares para extorsionar, coordinar robos y mantener redes criminales. El fenómeno ha llevado a reformas en los sistemas de control penitenciario y mayor supervisión sobre la entrada de dispositivos no autorizados.
Según los peritos, el uso de estas tecnologías por parte de bandas organizadas convierte los teléfonos en herramientas activas de planificación criminal, más allá de su función original de comunicación familiar.