Durante 2025, el mercado laboral argentino consolidó una tendencia que preocupa tanto a economistas como a especialistas en seguridad social: el desplazamiento sostenido desde el empleo asalariado formal hacia modalidades más de precarización, especialmente el monotributo y el trabajo autónomo.
El mencionado fenómeno no solo implica cambios en la calidad del empleo, sino que además genera un fuerte impacto en la sustentabilidad del sistema previsional.
El contraste con lo ocurrido dos décadas atrás resulta elocuente. Tras la crisis de 2001, el empleo registrado mostró una recuperación significativa y logró superar el máximo previo de 1998 en aproximadamente 600 mil puestos de trabajo hacia mediados de los años 2000.
El mercado laboral argentino profundiza su precarización
Sin embargo, el escenario actual es diferente. Un informe de la consultora Focus Market revela que la estructura laboral se ha modificado de manera sustancial. En 2005, el 82% de los trabajadores realizaba aportes al sistema previsional, mientras que hacia fines de 2025 esa proporción cayó a cerca del 69%. En paralelo, el peso de los monotributistas y autónomos aumentó: pasaron de representar el 17% al 28% del total de aportantes.
Este corrimiento tiene consecuencias directas sobre la recaudación. En el esquema de empleo formal, los trabajadores aportan el 11% de su salario bruto, mientras que los empleadores contribuyen con un 16% adicional. La pérdida acumulada de aproximadamente 3 millones de empleos registrados en los últimos 20 años implicó, según el estudio, una merma significativa de recursos para el sistema previsional administrado por la ANSES.
desempleo joven
Crece la precarización y se achican los aportes.
Aunque el número de monotributistas y autónomos creció hasta alcanzar unos 5 millones de personas, sus aportes resultan considerablemente menores en comparación con los del empleo formal. Esto genera un desbalance difícil de compensar. El análisis de Focus Market ilustra esta brecha con un dato contundente: actualmente se requieren 24 monotributistas para financiar una jubilación mínima, mientras que solo 2,3 trabajadores asalariados registrados alcanzan para cubrir ese mismo haber.
En el caso de los trabajadores autónomos, la relación también evidencia limitaciones: se necesitan casi cinco aportantes para sostener una jubilación mínima. La situación se vuelve aún más crítica en sectores específicos. El servicio doméstico, por ejemplo, presenta el mayor nivel de subsidio implícito dentro del sistema, ya que hacen falta 282 trabajadores para financiar una jubilación mínima más el bono correspondiente.