Israel o el Islam: el biógrafo de Milei agitó una grieta en la interna de La Libertad Avanza
- Nicolás Márquez salió a bancar al Gordo Dan, tras la reprimenda de Zulemita.
- Un drama de geopolítico reproducido en La Libertad Avanza, el partido de Milei.
PorElEditor Mendoza
1 de enero de 2026 - 21:59
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Nicolás Marquez es biógrafo autorizado de javier Milei.
La inquebrantable alianza geopolítica que el presidente Javier Milei mantiene con el Estado de Israel parece haber permeado hacia las bases más radicalizadas de su partido, generando una reproducción doméstica del conflicto con el mundo musulmán que ahora impacta de lleno en uno de los socios históricos del libertarismo: el menemismo.
Lo que comenzó como un intercambio de mensajes en redes sociales tras los festejos de año nuevo ha mutado rápidamente en una disputa de alto voltaje político que expone las grietas ideológicas dentro de La Libertad Avanza.
La controversia se encendió cuando Daniel Parisini, conocido en el ecosistema digital como Gordo Dan y señalado como el principal propagandista del Gobierno, lanzó una dura diatriba vinculando al Islam con la violencia sistémica, la pedofilia y el terrorismo. Lejos de ser un exabrupto aislado, esta retórica fue validada y profundizada por Nicolás Márquez, biógrafo y referente intelectual de Javier Milei, quien salió al cruce de Zulemita Menem tras el pedido de respeto de la hija del exmandatario.
Javier Milei importó un conflicto
El núcleo de esta tensión no radica únicamente en una discusión teológica, sino en cómo el oficialismo procesa la política exterior del Presidente. Javier Milei ha hecho de su alineamiento con Israel y el judaísmo una bandera identitaria, definiendo su postura internacional como una lucha del "mundo libre" contra el terrorismo. Sin embargo, esta visión macropolítica está siendo decodificada por los "alfiles digitales" del Gobierno como una licencia para hostigar a la comunidad islámica local, sin distinguir entre fe y extremismo.
zulemita menem
Nicolás Márquez llevó la discusión al extremo al responder a la defensa de Zulemita Menem. “El Islam es lo que es y no lo que Zulema cree de buena fe que es: si ella exhibiese su bella figura en un país bajo leyes islámicas, no tardaría en ser apedreada”, sentenció el escritor. Márquez no solo respaldó las generalizaciones de Parisini, sino que instó a "generar conciencia" para evitar en Argentina lo que denominó como “la invasión que sufre Europa”.
Esta narrativa reproduce fielmente la dicotomía "civilización o barbarie" que Milei suele utilizar para describir el conflicto en Medio Oriente, pero aplicada ahora contra aliados del propio gobierno.
La defensa del "ala peronista"
Ante la virulencia de los ataques, Zulemita Menem intentó poner paños fríos apelando a la historia de convivencia religiosa en Argentina y, más específicamente, a la composición actual del Ejecutivo. En una carta pública, la hija de Carlos Menem advirtió que “confundir al Islam con el terrorismo es un error grave y doloroso”.
Su argumento central buscó exponer la contradicción del "fuego amigo": Zulemita recordó que funcionarios que hoy trabajan codo a codo con Javier Milei y su hermana, la Secretaria General Karina Milei, poseen raíces musulmanas. “Esto habla de diversidad, convivencia y compromiso con valores que trascienden cualquier religión”, sostuvo, citando principios del Corán sobre la humildad y el respeto.
Sin embargo, la respuesta del núcleo duro libertario, representado por el conductor del streaming La Misa, fue redoblar la apuesta, afirmando que es "absolutamente legítima la generalización" sobre el sistema de creencias musulmán, al que calificó como un todo defectuoso.
Antecedentes de una relación tensa
Este episodio no es un hecho aislado, sino la culminación de un malestar que el Centro Islámico de la República Argentina ya había manifestado a mediados de 2024. En aquel momento, la institución expresó su preocupación por los discursos del Presidente durante la apertura de los Juegos Macabeos, donde Milei ratificó su “compromiso inalterable” con el pueblo judío en la lucha contra el “terrorismo islámico”.
La novedad del escenario actual es que la "batalla cultural" impulsada por la Casa Rosada ha cruzado una frontera delicada: ya no se trata solo de polarizar con el kirchnerismo o la izquierda, sino de someter a juicio los credos de los propios integrantes de la coalición gobernante. La duda que persiste en los pasillos de Balcarce 50 es si esta radicalización del discurso antislamista, amparada en la política exterior presidencial, terminará por erosionar los acuerdos políticos que sustentan la gobernabilidad libertaria.