Sombrío panorama.

La construcción se derrumba: el mínimo movimiento en Mendoza no alcanza para revertir una tendencia a la baja

El titular de la Cámara de la Construcción advirtió por la pérdida de 120.000 empleos y el impacto de la apertura económica en todo el país.

El Editor Mendoza | ElEditor Mendoza
Por ElEditor Mendoza
1 de marzo de 2026 - 13:00

La industria de la construcción en Argentina atraviesa uno de los momentos más críticos de las últimas décadas. El derrumbe de la actividad, que según la Cámara Argentina de la Construcción ya se tradujo en la pérdida de 120.000 puestos de trabajo directos, expone un panorama de parálisis que afecta de manera transversal a todas las provincias pese a un mínimo dinamismo que aportan provincias como Mendoza, Córdoba y Santa Fe. El dato duro es contundente: entre mediados de 2023 y 2024 la actividad se desplomó un 25%, arrastrada por la ausencia casi total de inversión pública nacional y por un mercado inmobiliario privado que no logra despegar.

Gustavo Weiss, titular de la Cámara, lo sintetizó con crudeza: “Estamos ante un gravísimo problema de empleo en el mundo, y en Argentina se agrava por la falta de obra pública”.

La frase, pronunciada en una entrevista en Splendid, refleja el dilema que atraviesa el sector: mientras el ajuste fiscal busca equilibrar las cuentas del Estado, la contracción de la construcción deja a miles de trabajadores sin sustento. La tensión se multiplica en las provincias, donde el dinamismo local no alcanza para compensar la parálisis de los proyectos nacionales.

Mendoza, espejo de la crisis

El caso de Mendoza es paradigmático. Según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) en septiembre de 2025 la provincia contaba con 239.800 asalariados privados registrados, 1.400 menos que un año antes. La caída interanual del 0,6% ubica a Mendoza entre las jurisdicciones con contracción significativa, incluso más intensa que el promedio nacional. El retroceso se explica, en gran medida, por el derrumbe de la construcción y la industria manufacturera, dos pilares de la economía provincial.

La Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) aportó en 2025 un dato estremecedor: bajo la presidencia de Javier Milei y la segunda gobernación de Alfredo Cornejo, la industria mendocina destruyó 13.064 puestos de trabajo en un año, lo que equivale a 36 de cada cien empleos del sector. Ni siquiera durante la cuarentena por la pandemia se había registrado un golpe tan severo.

La vitivinicultura, motor histórico de la provincia, enfrenta una cadena de pagos rota que compromete a bodegas grandes y pequeñas, mientras la agroindustria y la manufactura alimentaria también muestran signos de retroceso.

Un leve repunte que no alcanza para compensar la caída

La crisis no se limita a Mendoza. En Córdoba y Santa Fe, la construcción también acusa recibo de la falta de inversión nacional. Aunque en estas provincias existe cierto dinamismo privado, los créditos hipotecarios no tienen volumen suficiente para sostener la demanda. El resultado es un mercado “tranquilo”, como lo definió Weiss, que no logra traccionar la actividad. La contracción se traduce en pérdida de empleadores y debilitamiento del tejido empresarial, con cierres de pymes y ajustes en grandes firmas.

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) advirtió en uno de sus recientes informes que entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025 el país perdió más de 20.000 empresas con trabajadores registrados, lo que equivale a 30 cierres por día. La construcción figura entre los sectores más golpeados, con una reducción del 8,1% en el número de empleadores. En provincias como Córdoba y Santa Fe, donde las pymes son el corazón de la economía, el impacto es doble: menos capacidad de absorción de mano de obra y mayor precarización laboral.

El dilema del empleo y la apertura

La crisis de la construcción se inscribe en un contexto más amplio de ajuste estructural. Weiss alertó sobre los riesgos de una apertura económica irrestricta, que podría dejar a la industria nacional en desventaja frente a potencias como China.

“Si nuestra idea es que los consumidores argentinos compren lo más barato posible, está bárbaro, pero tenemos que pensar también en el empleo”, sentenció. La reflexión cobra sentido en provincias como Mendoza, donde la caída del empleo formal se combina con salarios que crecen en términos nominales pero pierden poder adquisitivo frente a la inflación.

El SIPA informó que en septiembre de 2025 la remuneración media bruta fue de 1,79 millones de pesos, con un incremento del 37,8% interanual. Sin embargo, la inflación acumulada diluyó cualquier mejora real. La fragilidad laboral y social se hace palpable en los barrios, donde la falta de obra pública significa menos changas, menos ingresos y más incertidumbre.

La construcción, con futuro en suspenso

La construcción, históricamente motor de empleo y dinamizador de la economía, se encuentra hoy en un punto de inflexión. La caída del 25% en la actividad nacional y la pérdida de 120.000 puestos de trabajo son cifras que hablan por sí solas. En Mendoza, Córdoba y Santa Fe, el impacto se traduce en contracción del empleo formal, debilitamiento empresarial y salarios insuficientes. El dilema es claro: sin inversión pública y sin crédito privado, el sector difícilmente pueda recuperar el pulso. Y mientras tanto, miles de trabajadores ven cómo el futuro se les escapa entre las manos.

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