La idea que quiere copiar Milei.

Letra chica: qué dice el protocolo del Gobierno para hacer minería en zonas donde puede haber periglaciares

-El oficialismo diseñó un protocolo que las empresas deben cumplir antes de extraer minerales

-Qué medirán y qué deben hacer con la información.

El Editor Mendoza | Gabriela Valdés
Por Gabriela Valdés
18 de noviembre de 2025 - 08:05

La frase del Presidente Javier Milei en Corrientes, atribuyéndole a Alfredo Cornejo la idea de modificar la Ley de Glaciares para impulsar la minería, fue desmentida por el Gobierno de Mendoza. Sin embargo, la ministra Jimena Latorre, atribuyó a una confusión lo ocurrido porque en Mendoza sí hay un protocolo de actuación para proyectos mineros en zonas de periglaciares que entrará en vigencia en breve. Ese documento, al que ElEditor Mendoza accedió, es la "Guía de la Autoridad Ambiental Minera de Mendoza: Estudios de Glaciares y Ambiente Periglacial en Proyectos Mineros", un manual de 10 páginas que establece el camino a seguir para caracterizar y, eventualmente, operar, en zonas con presencia de esas reservas hídricas.

Ese manual tendrá fuerza de ley una vez que la Legislatura apruebe la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) de los proyectos.

Qué son los periglaciares

El ambiente periglacial es aquel donde el suelo se congela estacionalmente y se dan procesos geológicos modelados por el hielo, aunque no esté cubierto por glaciares visibles. Su importancia radica en que son considerados "reservas estratégicas de agua". El documento se crea expresamente para dar cumplimiento a la Ley Nacional de Glaciares (26.639) y a la normativa provincial, con el objetivo declarado de "garantizar la identificación, caracterización y determinación de la presencia o no de glaciares y ambientes periglaciares".

Tal como resumió Latorre en un plenario de comisiones de la Legislatura por la ampliación de Malargüe Distrito Minero, se trata de un protocolo de actuación que propuso Impulsa, es decir el proponente de los proyectos mineros. "La Secretaría de Ambiente de la Nación instruye al IANIGLA para trabajar con nosotros", precisó la ministra. El IANIGLA es el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, que depende del Conicet.

En la comisión uno de los cuestionamientos que se le hizo a MDMO2 fue el avance de los proyectos mineros pese a las advertencias del IANIGLA de la presencia de glaciares en la zona de los proyectos. Sin embargo, Latorre insistió en que esto estaba planteado de modo potencial.

Falta de información sobre periglaciares

Según geógrafos consultados por este diario, "Impulsa armó el IIA del MDMO 1 y 2 considerando las geoformas relevadas en el Inventario Nacional de Glaciares. Pero el IANIGLA en su dictamen siguió el criterio mucho más amplio de considerar toda el área que por su altitud en Malargüe puede presentar no sólo esas geoformas, sino permafrost, que puede aportar agua en los términos de la ley 26.639. Se trata de un área no cartografiada aún". Para Latorre, el criterio de la altura es limitado, según dijo en la comisión, y el protocolo avanza en otros factores.

Apuntó también que "la Ley de Glaciares lleva 10 años sin ser reglamentada. Se hizo un inventario muy extenso de los glaciares pero en el IANIGLA no han podido culminar un inventario de zonas periglaciares. Qué mejor que la autoridad competente local trabaje con ellos para completar esa información".

Embed - Conferencia Jimena Latorre en la Legislatura - 17/11/25

Las mediciones que pide el protocolo

En la prospección, el titular del proyecto debe instalar estaciones meteorológicas que registren, al menos cada 30 minutos, temperatura, humedad, precipitación (diferenciando líquida de sólida) y viento. Paralelamente, debe elaborar un mapa geomorfológico a escala 1:10.000, identificando geoformas glaciares y periglaciares, y poner en marcha una red de monitoreo hídrico con al menos dos controles anuales de caudales y calidad de agua.

Cuando el proyecto avanza a la etapa de exploración, los requerimientos se intensifican. La guía exige la instalación de sensores de temperatura del suelo (tipo HOBO) enterrados a 20 cm de profundidad, distribuidos en distintas elevaciones y orientaciones. Cuando el proyecto avanza a la etapa de exploración, los requerimientos se intensifican. La guía exige la instalación de sensores de temperatura del suelo (tipo HOBO) enterrados a 20 cm de profundidad, distribuidos en distintas elevaciones y orientaciones.

La información sobre temperatura debe complementarse con series climáticas más extensas obtenidas mediante sensores remotos, con el fin de ubicar la isoterma de 0°C en tiempo y espacio. Finalmente, se requiere instalar un sensor de evaporación (o tanque clase A) y equipos como snow pillow o snow scale para medir el espesor efectivo de la nieve, cuya ubicación dependerá del relieve y la topografía del área de exploración.

El objetivo, se lee en el protocolo, es "definir el régimen de temperatura y poder determinar, a partir de datos de campo, la distribución del permafrost" (suelo permanentemente congelado). Estos datos deben recolectarse durante al menos dos, y preferentemente tres, años consecutivos. El objetivo, se lee en el protocolo, es "definir el régimen de temperatura y poder determinar, a partir de datos de campo, la distribución del permafrost" (suelo permanentemente congelado). Estos datos deben recolectarse durante al menos dos, y preferentemente tres, años consecutivos.

Cómo calcularán el volumen de hielo y agua

Para validar las hipótesis, el protocolo ordena el uso de herramientas tecnológicas avanzadas. Se requiere la realización de prospección geofísica mediante tomografía eléctrica y métodos sísmicos para "calcular volúmenes de hielo, y su equivalente volumen de agua". Incluso se contempla la excavación de calicatas de hasta 5,5 metros de profundidad con maquinaria pesada para verificar la presencia de hielo.

Uno de los puntos más sensibles es el análisis hidrológico. La guía obliga a realizar análisis isotópicos (de isótopos de oxígeno 18/16) en el agua de los arroyos y, si es posible, en muestras de hielo tomadas directamente de las geoformas. Esto busca establecer una "relación origen/correspondencia" para cuantificar cuánto contribuye el derretimiento del hielo del permafrost al caudal de los ríos de montaña, un dato crucial para evaluar el impacto hídrico de un eventual emprendimiento.

Qué harán con la información las empresas

Una vez recopilados todos los datos, se instruye a las empresas a elaborar un mapa de distribución del permafrost y superponerlo con un mapa de geología superficial. El siguiente paso es estratégico: "se eliminan las áreas por debajo del umbral de permafrost" y "las áreas con afloramientos de roca de base donde la presencia de hielo es restringida".

El resultado de este filtrado es identificar las zonas con "permafrost probable" y "potencial valor hídrico". La guía sugiere que "es muy probable que el porcentaje de área a ser impactada sea muy reducido y el valor hídrico poco significativo". En otras palabras, el protocolo busca demostrar, mediante datos, que la superficie minable con alto valor hídrico a proteger es pequeña, allanando el camino para la intervención.

El fin último del protocolo es crear un marco de "certidumbre" que permita a los proyectos mineros operar en la frontera misma de los glaciares y el permafrost.

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