27% más para los hombres.

Mujeres empobrecidas: es brutal la diferencia de género en la participación en la riqueza

-En los cinco decilles con menor participación en el ingreso las mujeres son mayoría.

-MIentras los hombres dominan los decíles más ricos.

El Editor Mendoza | Javier Polvani
Por Javier Polvani
19 de diciembre de 2025 - 21:10

Los últimos datos arrojados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, correspondientes al tercer trimestre de 2025, revelan una persistente y estructural disparidad económica entre hombres y mujeres en los 31 aglomerados urbanos de Argentina.

Las mujeres no solo ganan menos que los varones, sino que están sobrerrepresentadas en los estratos de menores ingresos y subrepresentadas en los sectores de mayor riqueza. La brecha no se limita a los salarios: atraviesa el mapa completo del ingreso individual, incluyendo sueldos, jubilaciones, ayudas estatales y otros ingresos.

Más mujeres abajo

Al observar la distribución por deciles de ingreso —donde el Decil 1 agrupa a la población más pobre y el Decil 10 a la más rica— surge una imagen nítida: la base de la pirámide es principalmente femenina, mientras la cúspide es mayoritariamente masculina. En el Decil 1, el de menores ingresos, la desigualdad de género es contundente. Allí se contabilizan 1.209.571 mujeres frente a 673.949 varones.

Traducido a proporciones, las mujeres del decil 1 representan el 6,4% de la población total con ingresos, mientras que los varones en la misma condición son apenas el 3,6%. Es decir, en el segmento de mayor vulnerabilidad económica, las mujeres duplican prácticamente la presencia de los hombres.

Esta asimetría no es un caso aislado ni un “bache” estadístico. Según los datos de la EPH, la tendencia se repite en los primeros cinco deciles: hasta el Decil 5, la cantidad de mujeres supera sistemáticamente a la de varones. La lectura es clara: las mujeres enfrentan mayores dificultades para salir de los niveles de ingresos más bajos, cargando con condiciones estructurales que las mantienen pegadas a los escalones inferiores de la estructura social.

El techo de cristal en los deciles altos

La situación se invierte a partir de la mitad de la escala. Desde el Decil 5, los varones comienzan a ser mayoría y esta brecha se ensancha a medida que se asciende en el ingreso.

brecha de genero ingresos

En el Decil 10, que aglutina a la población de mayores ingresos del país, el contraste es tan marcado como en la base, pero al revés: se registran 1.181.907 varones y solo 693.992 mujeres. En términos de peso relativo, el 6,3% de la población total son hombres ubicados en el decil más rico, mientras que apenas el 3,7% son mujeres en la misma franja. Dicho de otro modo: los varones casi duplican a las mujeres en la cúspide de la pirámide de ingresos.

Si estos datos se graficaran, el resultado sería una pirámide con una base ancha y predominantemente femenina, y una punta angosta dominada por varones. Una imagen que sintetiza de forma visual lo que en los debates públicos se conoce como “techo de cristal”: los límites invisibles que frenan el ascenso económico de las mujeres, incluso cuando tienen calificación, experiencia y trabajo remunerado.

La brecha en el bolsillo: 27,2% menos para ellas

La desigualdad no se agota en cuántos varones y cuántas mujeres hay en cada tramo de la escala de ingresos. También importa, y mucho, cuánto percibe en promedio cada uno. El Ingreso Medio de los Varones asciende a $1.153.171, mientras que el Ingreso Medio de las Mujeres se ubica en $838.924.

En términos relativos, por cada $1.000 que percibe un varón en Argentina, una mujer obtiene en promedio $728. Esto implica una brecha del 27,2% en el ingreso medio individual. Lejos de ser una diferencia menor, este porcentaje refleja una desigualdad estructural que atraviesa todos los componentes del ingreso: salarios formales e informales, jubilaciones, pensiones, programas sociales y otros aportes.

Esta diferencia no solo impacta en el presente, en la capacidad de consumo o de ahorro, sino también en el futuro: menores ingresos a lo largo de la vida laboral implican jubilaciones más bajas, menor capacidad de inversión y una mayor exposición a la vulnerabilidad económica en la vejez.

Quién se queda con la torta: participación en el ingreso total

Otro dato central de la EPH es la forma en que se reparte la masa total de ingresos individuales, que fue de aproximadamente 18,7 billones de pesos en el período relevado.

Los varones capturaron el 57,2% de los ingresos, lo que equivale a unos 10,6 billones de pesos. Mientras las mujeres se quedaron con el 42,8%, es decir, alrededor de 8 billones de pesos. El contraste se vuelve más contundente cuando se considera que las mujeres son mayoría numérica entre quienes perciben algún tipo de ingreso: 9,5 millones de mujeres frente a 9,2 millones de varones.

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En síntesis, hay más mujeres con ingresos, pero ellas acceden a una porción menor de la riqueza total generada. La economía argentina, medida en pesos contantes y sonantes, sigue inclinándose a favor de los varones.

Más mujeres sin ingresos propios

La desigualdad se profundiza si se observa a quienes directamente no cobran nada. El estudio del INDEC registra una masa significativa de población sin ingresos individuales. Las mujeres sin ingresos son 5.787.189, el 19,3% de la población total. MIentras que los varones son 5.290.787, el 17,7% de la población total.

Hay casi 500.000 mujeres más que varones sin autonomía económica. Este dato, que suele quedar relegado en el análisis público, tiene implicancias profundas: supone mayor dependencia económica, menor margen de decisión propia y una mayor carga de tareas de cuidado no remuneradas, históricamente asumidas por el género femenino.

Las mujeres que no figuran en las estadísticas de ingreso no son “ausentes” de la economía. Al contrario: suelen sostenerla desde atrás, con trabajo doméstico y de cuidado que no se paga, pero sin el cual el resto de la estructura productiva no podría funcionar.

Una desigualdad que persiste

Los datos del tercer trimestre de 2025 del INDEC trazan una radiografía inequívoca: la estructura de ingresos en Argentina continúa atravesada por una fuerte desigualdad de género. Las mujeres son mayoría en los estratos pobres, minoría en los estratos ricos, ganan en promedio un 27% menos que los varones, se apropian de una porción menor de la masa total de ingresos y registran una mayor probabilidad de no contar con ingresos propios.

Detrás de cada porcentaje hay una rutina diaria: mujeres que encadenan empleos precarios, tareas domésticas y cuidados; varones que concentran los puestos mejor remunerados y los mayores niveles de ingreso.

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