Viernes 18 de Septiembre de 202617:03HS
El Editor Mendoza
Reserva hídrica

La nieve que puede cambiar el agua que tendrá Mendoza

La Cordillera de los Andes cerró el invierno con una reserva de nieve muy superior a la habitual y ese escenario puede tener un impacto directo sobre el agua disponible en Mendoza durante la primavera y el verano
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La nieve que puede cambiar el agua que tendrá Mendoza

La Cordillera de los Andes cerró el invierno con una reserva de nieve muy superior a la habitual y ese escenario puede tener un impacto directo sobre el agua disponible en Mendoza durante la primavera y el verano
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La Cordillera de los Andes cerró el invierno con una reserva de nieve muy superior a la habitual y ese escenario puede tener un impacto directo sobre el agua disponible en Mendoza durante la primavera y el verano
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La nieve que puede cambiar el agua que tendrá Mendoza

Un análisis del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA) de Chile determinó que en agosto la superficie cubierta de nieve en la zona cordillerana de Coquimbo, Mendoza y San Juan superó los 10.000 kilómetros cuadrados, más del doble de la mediana histórica para ese mes entre 2002 y 2025.

El dato adquiere especial importancia para Mendoza porque buena parte de sus ríos depende del deshielo de la alta montaña. A medida que aumenten las temperaturas, la nieve acumulada comenzará a transformarse en agua y podría incrementar los aportes a los principales cursos que abastecen los oasis productivos y los sistemas de riego.

Entre las cuencas que podrían recibir un mayor aporte aparecen las de los ríos Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel, mientras que en San Juan el efecto alcanzaría principalmente a los ríos San Juan y Jáchal. La mayor disponibilidad también podría ayudar a recuperar las reservas de algunos embalses mendocinos, entre ellos Potrerillos, El Nihuil y Los Reyunos.

Más nieve no significa automáticamente más agua

El volumen de nieve acumulado genera expectativas, aunque los especialistas mantienen una diferencia importante entre la superficie cubierta y la cantidad real de agua que podrá aportar.

El CEAZA advierte que medir cuántos kilómetros cuadrados están cubiertos de nieve no permite conocer por sí solo cuánto recurso hídrico quedó almacenado. Para eso es necesario calcular el denominado equivalente de agua de nieve, un indicador que permite estimar qué cantidad de agua se obtendría cuando ese manto se derrita.

La diferencia está relacionada con la densidad de la nieve. Un mismo espesor puede contener cantidades muy diferentes de agua dependiendo de cuánto se haya compactado. Como referencia, el organismo chileno señaló que un metro de nieve puede representar alrededor de 100 mililitros de agua equivalente o superar los 500 mililitros cuando se encuentra muy compactada. En una de las estaciones analizadas se registraron 154 centímetros de nieve que representaron 466 mililitros de agua equivalente.

Por eso, el dato de los más de 10.000 kilómetros cuadrados funciona como una señal positiva para la próxima temporada, pero todavía no permite establecer con exactitud cuánto crecerán los caudales.

El deshielo será la clave durante el verano

El cambio más importante llegará cuando las temperaturas comiencen a subir en la alta montaña. La nieve acumulada durante el invierno funciona como una reserva que permanece almacenada hasta que las condiciones permiten iniciar el proceso de deshielo.

En una provincia árida como Mendoza, ese mecanismo resulta fundamental para sostener el abastecimiento de agua y el riego durante los meses de mayor demanda. La agricultura, especialmente las producciones vitivinícola, frutícola y hortícola, depende de esos recursos para atravesar la temporada cálida.

El escenario representa además una diferencia respecto de los últimos años, atravesados por una fuerte escasez hídrica. En julio, especialistas del Departamento General de Irrigación ya habían señalado que las nevadas habían mejorado las perspectivas para la temporada, aunque también advertían que una sola temporada abundante no alcanza para revertir años de déficit.

La evolución de los embalses será otro punto a seguir. Una mayor llegada de agua desde la montaña podría permitir recomponer parte de las reservas y reducir la presión sobre las fuentes de agua subterránea que se utilizan como complemento cuando los ríos no alcanzan para cubrir la demanda.

Mendoza-cordillera

Una reserva que también requiere monitoreo

El escenario favorable no elimina los riesgos asociados al proceso de deshielo. Un aumento brusco de las temperaturas o la presencia de lluvias sobre sectores todavía cubiertos de nieve podría acelerar la liberación de agua y provocar incrementos repentinos de los caudales.

La acumulación extraordinaria de este invierno también obliga a mantener el seguimiento sobre los riesgos de aluviones y avalanchas, especialmente en las zonas de alta montaña. Durante los temporales de julio, algunos sectores de la Ruta Nacional 7 llegaron a acumular hasta cuatro metros de nieve y requirieron operativos de despeje y controles sobre el corredor internacional.

El invierno deja así una imagen que puede ser determinante para Mendoza en los próximos meses. La Cordillera acumuló una cantidad de nieve muy por encima de la habitual y, si las condiciones de temperatura permiten un deshielo gradual, parte de esa reserva podría convertirse en mayor caudal para los ríos, los embalses y los sistemas de riego.

El dato que todavía falta conocer es cuánto de esa nieve se transformará efectivamente en agua. Esa medición será la que permita saber hasta qué punto la gran acumulación de este invierno puede modificar el escenario hídrico de Mendoza durante el próximo verano.

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