El Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) advierte que el sector enfrenta una “debilidad marcada por menor demanda mundial, estancamiento del consumo interno y precios deprimidos”. Los stocks de vino, que históricamente equivalían a cuatro meses de consumo, hoy superan los siete. La sobreoferta presiona los precios a la baja, mientras que los costos en dólares se encarecen por la política de mantener un tipo de cambio atrasado.
El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) confirma la tendencia: las exportaciones cayeron más de 6% en volumen y valor durante 2025, y los precios reales de la uva se ubican entre los más bajos de la última década. La Asociación de Viñateros de Mendoza denuncia que “la ecuación económica del productor primario ya no cierra”, con aumentos de hasta 115% en mano de obra y 95% en fletes, mientras los valores de compra de la uva se pagan por debajo del costo y a plazos de nueve meses. El resultado es devastador: fincas abandonadas, familias sin trabajo y jóvenes que emigran.
El consumo per cápita pasó de 23,8 litros en 2015 a apenas 15,7 en 2025, un mínimo histórico. La elasticidad-ingreso del vino lo convierte en un producto altamente sensible a la pérdida de poder adquisitivo. Los segmentos de mayor valor agregado, como los varietales y espumosos, sufren la mayor contracción, mientras que los consumidores se refugian en opciones más baratas.
vino toro
A esto se suma un cambio cultural profundo. La cerveza, los frizantes y las bebidas sin alcohol avanzan con fuerza, especialmente entre los jóvenes. El CEPA advierte que el segmento de cervezas sin alcohol creció 60% interanual en 2025, quintuplicando su volumen en tres años. El vino, símbolo de tradición y cultura, se enfrenta así a un nuevo escenario donde las preferencias se reconfiguran y las bebidas percibidas como más “saludables” ganan terreno.
El Este mendocino, corazón productivo en crisis
La zona Este, principal productora de uvas de Mendoza, atraviesa lo que el Centro de Viñateros y Bodegueros del Este define como una “crisis de rentabilidad negativa terminal”.
Paradójicamente, la menor producción debería mejorar los precios de traslado, pero la concentración de los formadores de precios conspira contra los productores. El comunicado del Centro denuncia que las estrategias de comercialización lesionan a las pymes fraccionadoras y a las bodegas elaboradoras.
A la caída de la cosecha se suma un enemigo invisible: el tarifazo eléctrico. Las bodegas deben contratar potencia por tres meses aunque la elaboración intensiva no supere los 60 días, y la presión fiscal alcanza el 40% de la factura. “El gobierno y las distribuidoras actúan como socios que no asumen riesgos climáticos ni mermas de producción, pero retiran su tajada con puntualidad suiza”, denuncia el Centro. El resultado es que cada año más bodegas se retiran del mercado.
Productores Vitivinicolas (17)
Santiago Tagua/ElEditor Mendoza
Productores Vitivinicolas (20)
Postal del caravanazo por la crisis de pequeños productores en plena vendimia.
En este contexto, Mendoza celebra los 90 años de su Fiesta Mayor. La Vendimia, símbolo de identidad y orgullo, se convierte en un espejo incómodo: mientras los turistas disfrutan del espectáculo, los productores enfrentan la indigencia y las bodegas cierran sus puertas.
La vitivinicultura aporta más del 11% del Producto Bruto Geográfico provincial y miles de puestos de trabajo, pero el gobierno provincial apuesta cada vez más a la minería como alternativa económica. La pregunta que sobrevuela es si Mendoza podrá seguir siendo la “capital mundial del vino” sin cuidar a quienes producen la uva.
“Sin productor primario, no hay vino. Y sin vino, no hay Mendoza”, señalaron tiempo atrás los viñateros en una ruidosa protesta en la Peatonal. La Fiesta de la Vendimia,