Derechos humanos.

"Volver a encontrarse": historias reales detrás del derecho a saber quién soy

Gracias al Programa de Identidad Biológica, mendocinos que fueron separados de sus familias hoy reconstruyen sus raíces. Te compartimos sus historias.

El Editor Mendoza | ElEditor Mendoza
Por ElEditor Mendoza
13 de julio de 2025 - 19:55

En Mendoza, el derecho a la identidad no es solo una consigna: es una realidad que, poco a poco, transforma vidas. En lo que va de 2025, el Programa de Identidad Biológica permitió concretar 16 reencuentros entre personas que, durante décadas, buscaron saber quiénes eran y de dónde venían. Esta nota da voz a sus historias.

Ariel: 34 años de preguntas y un reencuentro inolvidable

Ariel García tiene 46 años, vive en Maipú, es comerciante y árbitro de fútbol de salón. Pero hasta hace poco, no sabía quién era su padre. Las dudas comenzaron cuando era adolescente. “No me sentía parecido a nadie en mi familia”, cuenta. A los 17, vio una publicidad de Abuelas de Plaza de Mayo, tomó una mochila y se fue solo en colectivo a Buenos Aires a dejar una muestra de sangre.

Volví esa misma noche, con esperanza, pero sin respuestas. Volví esa misma noche, con esperanza, pero sin respuestas.

Los años pasaron, y las llamadas al Banco Genético no trajeron novedades. “Un día me dijeron que no llamara más, que si pasaba algo me iban a avisar. Me sentí devastado. Pero seguí buscando”. Fue el Colectivo Mendoza por la Verdad quien lo ayudó a seguir.

En 2018 dejó una nueva muestra en el Banco Provincial de Huellas Genéticas. Y en junio de este año, sonó el teléfono: su padre biológico vivía en la misma ciudad. El reencuentro fue el 10 de julio. “Ese día no sólo conocí a mi papá. Conocí a cinco hermanos. Y a mi abuelo de 97 años. Me explotó el corazón de alegría”.

Daniel: el hijo que encontró a su papá a los 57 años

Daniel Galdame, nacido en San Martín en 1967, supo a los 43 años que era hijo adoptivo. Fue entonces cuando empezó a atar cabos y a investigar como pudo: registros civiles, clínicas, viejos documentos. En 2024 dejó su muestra genética. El cruce no tardó en llegar. Y cuando le confirmaron que su padre estaba identificado, no esperó actos ni protocolos: “Fui a buscarlo. Es mi papá, y yo lo quería conocer ya”.

El reencuentro fue tan natural como emotivo. Hoy, Daniel tiene un padre y cinco hermanos con los que comparte asados, charlas y afecto diario. Lleva la foto con su papá en su gorra y planea plotear su camioneta con una huella dactilar y un número de contacto. “Para que otros sepan que esto existe. Que se puede”.

La historia del padre que creyó que su hijo había muerto

José María Robledo, el papá biológico de Daniel, vivía en La Paz. Tenía 80 años cuando golpearon su puerta para decirle que su hijo estaba vivo. “Me dijeron que había muerto. Me mintieron. A los 57, él me encuentra. Yo no hice nada, sólo esperé”. El reencuentro fue como abrir una ventana al pasado. “Lloramos, nos abrazamos. No se puede volver atrás, pero se puede seguir. Y ahora tengo la dicha de seguir con él”.

Malena: el abrazo inesperado con tres hermanos

Malena creció pensando que era hija única. Sus padres adoptivos sabían poco y ella, desde joven, quiso saber más. La búsqueda la llevó a descubrir que tenía tres hermanos. El día del reencuentro, esperaba conocer sólo a uno. Pero llegaron todos. “Nos abrazamos como si nos conociéramos de toda la vida. Fue algo que no se puede explicar. Una conexión de sangre, de corazón”.

Pilar: el rostro de su madre en el espejo

Pilar tiene 66 años. Toda su vida sintió que había algo que no encajaba. La relación fría con su madre adoptiva, las respuestas esquivas, la falta de cariño. Tardó décadas en empezar la búsqueda. Recién en 2024, desde San Luis, donde vive, recibió un llamado: había una posible coincidencia genética.

Cuando conoció a sus hermanos biológicos, todo cobró sentido. “Me decían que tengo la misma cara, las manos, hasta el olor de mi mamá biológica. Fue impactante. Me aceptaron con amor. En su casa cantamos karaoke, bailamos. Después me caí y me fracturé, pero esa felicidad no me la saca nadie. Volví a reír”.

Identidad: cuando el Estado repara lo que antes fue silencio

El Programa de Identidad Biológica de Mendoza es el único en el país creado por ley. Y va más allá de los cruces genéticos: acompaña, escucha y transforma. Alejandro Verón, director de Derechos Humanos, lo resume así: “No se trata sólo de resultados. Cada historia mueve estructuras. Cada encuentro es una reparación”.

Gracias al trabajo conjunto con hospitales, registros civiles, fiscales y el Banco de Huellas, la provincia logró lo que muchos consideraban imposible: poner la tecnología al servicio de la verdad. “Cada persona que encuentra sus raíces gana algo esencial: saber quién es”.

Como dijo Ariel: “Hoy me falta espacio en el pecho. El corazón se me hizo enorme”.

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