La pretemporada de la Fórmula 1 en Barcelona no fue un trámite más para Franco Colapinto. Tras bajar el telón en el circuito de Montmeló, el balance del pilarense con el equipo Alpine revela detalles que van más allá de los tiempos oficiales y realizó un simple balance de su semana.
Entre la nieve de Andorra -donde se distendió el sábado- y el rugido del nuevo motor alemán, el argentino envió un mensaje que encendió las alarmas de ilusión: "¡Buen shakedown, pero con muchas ganas de seguir conociendo el auto nuevo!". Pero, ¿qué hubo detrás de esas vueltas iniciales? Lo que pocos resaltan es el desafío técnico que enfrentó Franco: domar un monoplaza que abandonó para siempre el ADN de Renault para abrazar la potencia y la caja de cambios de Mercedes.
Alpine-Mercedes: un salto al vacío que empieza a dar frutos
El equipo francés llegó a Barcelona con una "silenciosa confianza". Tras haber sacrificado la temporada pasada para enfocarse íntegramente en este 2026, los test demostraron que la apuesta fue acertada. Aunque el inicio fue accidentado -con las lógicas banderas rojas y detenciones que genera un motor recién instalado-, la progresión fue quirúrgica.
- El bautismo de fuego: El lunes, Franco apenas pudo completar 60 vueltas. No fue falta de ritmo, sino el minucioso proceso de chequear que el nuevo "corazón" Mercedes no sufriera rechazos en el chasis galo.
- Consistencia pura: Para el miércoles, la historia cambió. Entre el argentino y su compañero Pierre Gasly superaron la barrera de las 100 vueltas, demostrando que la confiabilidad del motor alemán es hoy el mayor activo de Alpine.
- Cierre demoledor: El viernes, el equipo cubrió 764 km en un solo día, una cifra que asustó a varios equipos de la zona media de la parrilla.
"Nada nos tomó por sorpresa": la interna del equipo
Steve Nielsen, director general de Alpine, fue contundente sobre el trabajo de Franco: "Fuimos aumentando el ritmo de manera constante". Para el entorno de Colapinto, estas pruebas fueron vitales para entender que este auto nace "infinitamente mejor" que su antecesor. No solo por la unidad de potencia, sino por una aerodinámica que permite a los pilotos atacar las curvas de Montmeló con una agresividad que el año pasado era impensada.
El próximo paso: el calor de Bahrein
La aventura europea terminó, pero el verdadero fuego comenzará en el desierto. Del 11 al 13 de febrero, la F1 se muda a Bahrein, donde las condiciones de calor extremo pondrán a prueba la refrigeración del motor Mercedes y la resistencia física de Franco.
Colapinto ya avisó que quiere "seguir conociendo el auto", pero en el paddock ya se comenta que el argentino no irá solo a pasear: buscará los límites de un monoplaza que, por primera vez, parece estar a la altura de su talento.