La Libertad Avanza llegó al Senado con la expectativa de aprobar antes de fin de año una de sus iniciativas más ambiciosas: la reforma laboral. Sin embargo, lo que se proyectaba como un triunfo terminó convertido en un revés puertas adentro que obligó a postergar el debate hasta febrero.
El jueves, Patricia Bullrich, presidenta del bloque oficialista, intentó acelerar los tiempos. Tras una reunión en Casa Rosada con Manuel Adorni, Diego Santilli, Luis Caputo y el asesor Santiago Caputo, convocó a los senadores aliados para sellar el dictamen y llevarlo al recinto. La idea era clara: aprovechar el impulso y aprobar la reforma en las horas posteriores a la votación del Presupuesto.
Pero el plan se derrumbó en los pasillos del Congreso. Radicales, legisladores del PRO y aliados provinciales se plantaron: “Sin presupuesto no sale la reforma laboral”, fue la frase que sintetizó la resistencia.
El dictamen que no le alcanzó a Patricia Bullrich
Bullrich anunció con entusiasmo que había “habemus dictamen de reforma laboral”. En efecto, logró reunir 20 firmas entre las comisiones de Presupuesto y Trabajo, con aportes de libertarios, radicales, el PRO y bloques provinciales. Pero la mayoría de esas adhesiones fueron en disidencia parcial, lo que obligaba al oficialismo a seguir negociando para garantizar los votos en el recinto.
En plena marcha de la CGT, Bullrich incluso se burló de la marcha en sus redes sociales. Poco después tuvo que anunciar la postergación del debate.
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El texto incorporaba concesiones: indemnizaciones en 18 cuotas para pymes, pago de salarios en moneda nacional o extranjera, y modificaciones en la ultraactividad de convenios colectivos. Sin embargo, persistían reclamos sobre el financiamiento del Fondo de Asistencia Laboral, que muchos senadores exigían no se solventara con aportes destinados a la Anses.
La presión de los gremios y la oposición
La CGT se adjudicó la demora, señalando que las manifestaciones habían mostrado el rechazo social a la iniciativa. En paralelo, el interbloque opositor peronista, encabezado por José Mayans, denunció el “tratamiento exprés” y reclamó más lugares en las comisiones. Aunque no integraron formalmente el plenario, participaron para dejar en claro su rechazo.
El debate, que el miércoles había estado marcado por peleas y tensiones, se desarrolló el jueves en un clima más armónico. Empresarios, bancos, trabajadores de plataformas y el gremio de periodistas Sipreba expusieron sus críticas, especialmente contra la eliminación del Estatuto del Periodista.
Una derrota con consecuencias
El resultado fue inevitable: la reforma laboral quedó postergada para las sesiones extraordinarias de febrero, junto con la discusión sobre la ley de Glaciares. Para el gobierno libertario, el traspié significó no solo perder la batalla legislativa, sino también arriesgarse a cerrar el año sin Presupuesto aprobado.
En el detrás de escena, lo que quedó expuesto fue la fragilidad de las alianzas, la presión sindical y la dificultad del oficialismo para imponer su agenda en un Senado donde los aliados ya no se dejan arrastrar sin condiciones.