En Mendoza, la desigualdad en el ingreso laboral no es una novedad, pero su persistencia y evolución en los últimos años revelan una tendencia de cristalización. Desde 2016 hasta 2024, los datos oficiales de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) muestran que la distribución de los salarios por deciles se ha mantenido estructuralmente desigual, con el decil más alto acaparando cerca de un tercio del ingreso total, mientras que el decil más bajo apenas roza el 1,4 %.
La información proviene de los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ACV) 2024 que incluyen para cada persona ocupada en Mendoza, la variable de actividad económica.
Permite agrupar a los trabajadores en ocho grandes sectores: agro, industria, comercio, etc, y conocer su remuneración mensual).
Una década de concentración
Los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida de Mendoza permiten observar la evolución anual de los ingresos laborales distribuidos por deciles, es decir, agrupando a la población ocupada en diez segmentos según su nivel de ingreso. El decil 1 representa al 10 % con menores ingresos, mientras que el decil 10 agrupa al 10 % con mayores ingresos.
En 2016, el decil 1 concentraba apenas el 1,2 % del ingreso total, mientras que el decil 10 se quedaba con el 29,5 %. Ocho años después, en 2024 (últimos datos disponibles), la situación es prácticamente idéntica: el decil inferior retiene el 1,4 %, y el superior, nuevamente, el 29,5 %. Esta estabilidad aparente esconde una dinámica más compleja: aunque las proporciones se mantuvieron, los montos absolutos y las brechas relativas se ampliaron de forma significativa.
Brechas que se agrandan
Uno de los indicadores más reveladores es la relación entre el ingreso medio del decil 10 y el del decil 1. En 2016, el promedio del decil más alto era 8,6 veces superior al del más bajo. Para 2024, esa relación se disparó a 21,6 veces. En términos absolutos, la diferencia pasó de 22.372 pesos a más de 1,5 millones. Uno de los indicadores más reveladores es la relación entre el ingreso medio del decil 10 y el del decil 1. En 2016, el promedio del decil más alto era 8,6 veces superior al del más bajo. Para 2024, esa relación se disparó a 21,6 veces. En términos absolutos, la diferencia pasó de 22.372 pesos a más de 1,5 millones.
Este crecimiento exponencial de la brecha no se explica únicamente por la inflación, sino por el comportamiento desigual de los ingresos en cada extremo. Mientras que los salarios altos se ajustan rápidamente y con mecanismos automáticos, los ingresos bajos suelen quedar rezagados, especialmente en contextos de alta informalidad o empleo precario.
La desigualdad de los salarios
Entre los factores que más inciden en la ampliación de la brecha, el más determinante es la indexación asimétrica de los salarios. Los trabajadores de ingresos altos —en su mayoría empleados formales, profesionales o ejecutivos— cuentan con cláusulas de ajuste automático que actualizan sus ingresos en función de la inflación. En cambio, los trabajadores de ingresos bajos, muchas veces informales o con contratos temporales, reciben aumentos esporádicos y tardíos.
A esto se suman otros elementos como las negociaciones paritarias sectoriales, que benefician a gremios con mayor poder de lobby; el retraso en la actualización del salario mínimo y de los planes sociales; y el auge de actividades “premium” como servicios financieros, consultorías y cargos ejecutivos, que elevan el promedio del decil superior sin que ese crecimiento se distribuya hacia abajo.
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Santiago Tagua
Sectores que concentran la fuga de ingresos
Cuando se analizan los datos por sectores, el impacto que registra mayor concentración de ingresos en su decil superior son los servicios financieros y empresariales, la administración pública (aquí los cargos de mayor rango, no la masa de empleados estatales) y los servicios sociales (salud y educación). En estos sectores, el decil 10 llega a captar entre el 34 % y el 45 % del ingreso total del sector, con ratios D10/D1 que superan las 25 veces.
Entre los servicios financieros se incluyen bancos, aseguradoras, fintechs, fondos de inversión y entidades crediticias. Los roles más comunes son:
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Analistas financieros: estudian mercados, riesgos y oportunidades de inversión.
Ejecutivos de cuentas: gestionan relaciones con clientes y empresas.
Auditores y contadores: controlan la salud financiera y cumplimiento normativo.
Especialistas en riesgos: evalúan y mitigan riesgos crediticios, operativos o de mercado.
Desarrolladores fintech: crean soluciones tecnológicas para pagos, préstamos, inversiones.
Servicios empresariales abarcan consultorías, estudios contables, asesorías legales, recursos humanos y outsourcing. Los perfiles típicos son:
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Consultores de estrategia o gestión: asesoran empresas en eficiencia, expansión o transformación digital.
Abogados corporativos: especializados en contratos, fusiones, compliance.
Especialistas en RRHH: reclutamiento, clima laboral, capacitación.
Contadores y asesores tributarios: optimizan la carga fiscal y cumplimiento legal.
Analistas de datos y BI: convierten información en decisiones estratégicas.
En el caso de la salud y la educación, claramente las brechas manifiestas se dan entre ciertos médicos y los sectores masivos de trabajadores, y, en el caso de la educación, claramente cargos altos y gerentes de educación privada respecto a la masa de docentes.
En contraste, sectores como la construcción, el agro y el comercio presentan brechas más moderadas, aunque también muestran signos de estancamiento en los ingresos bajos. La informalidad laboral y la baja capacidad de negociación en estos sectores contribuyen a que los trabajadores queden fuera de los mecanismos de ajuste que sí benefician a los estratos altos.
Implicancias sociales y económicas
La persistencia de esta desigualdad tiene consecuencias profundas. Por un lado, erosiona el poder de compra de la mayoría de la población, afectando el consumo interno y la demanda de bienes y servicios básicos. Por otro, genera desconfianza en las instituciones y alimenta la polarización social, especialmente entre generaciones jóvenes que perciben menos oportunidades de movilidad social.
Además, la concentración de ingresos en pocos sectores y estratos favorece la fuga de talento y la migración hacia provincias o países con mayor equidad salarial. Es lo que ha ocurrido, por caso, con trabajadores de la salud que viajan a provincias vecinas o a Chile a realizar guardias. En el largo plazo, esto puede debilitar la base productiva de Mendoza y limitar su capacidad de desarrollo.
Por dónde “se fuga” el ingreso
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La fuga principal: servicios financieros, consultorías y empresas de gran porte. Aquí, algunos ejecutivos acumulan ingresos de 20 a 40 veces más que la base del sector.
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Sector público y social: a pesar de su carácter redistributivo, la jerarquía salarial (jerarquías directivas, cargos de mayor responsabilidad) genera diferencias comparables a las del sector privado de alto nivel.
Industrias intensivas en capital humano avanzado (tecnologías, Investigación y desarrollo de la industria manufacturera) favorecen niveles muy altos en su decil superior, ensanchando la brecha.
Algunos factores detrás de las fugas sectoriales
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Cláusulas de revisión salarial automática y negociaciones directivas más frecuentes en sectores formales y de alta capacidad organizativa (finanzas, estadales).
Diferenciales de productividad y globalización de actividades de investigación y desarrollo: impactan poco en salarios de base, pero sitúan a los puestos especializados en bandas muy altas.
Barreras de acceso: sectores que demandan alta formación o capital inicial (financiero, tecnológico) concentran beneficios en pocos puestos.
Menos peso de las cargas de impuestos: cargas impositivas menores en ciertos servicios empresariales fortalecen ganancias en la cúspide.