Alfredo Cornejo celebró en redes sociales el ataque a Venezuela, que incluyó el secuestro de Nicolás Maduro, lo que definió como “una Venezuela libre”. En un breve posteo, saludó especialmente a los venezolanos residentes en la provincia y en Argentina, enmarcando su mensaje en la narrativa oficial del gobierno de Javier Milei. La vicegobernadora Hebe Casado, fiel a su estilo directo, replicó la misma línea con un mensaje que reforzó la idea de que el desenlace en Caracas es motivo de festejo, lo que refleja el alineamiento sin fisuras con Estados Unidos y con el presidente Donald Trump.
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Ambos mensajes, aunque escuetos, condensan un posicionamiento político que excede la coyuntura venezolana. Funcionan como gestos de adhesión a la estrategia internacional de Milei, que ha hecho de la alianza con Washington un eje central de su política exterior. En esa lógica, la celebración de un supuesto “fin de la dictadura” en Venezuela se convierte en un símbolo de la sintonía con la Casa Blanca y de la voluntad de desplazar a China de la región.
El trasfondo: recursos críticos y soberanía condicionada
El alineamiento con Estados Unidos no es meramente retórico. Según los acuerdos y compromisos que circulan en la agenda bilateral, el apoyo de Washington a Milei está condicionado a un objetivo claro: sacar a China de la Argentina y otorgar prioridad a las empresas estadounidenses en la explotación de recursos críticos. Entre ellos, las tierras raras y el uranio ocupan un lugar central.
La provincia de Mendoza aparece en el mapa estratégico por su potencial uranífero y cuprifero. El yacimiento Sierra Pintada, explotado en décadas pasadas, y la promesa de El Corcovo, constituyen activos de enorme interés para las corporaciones extranjeras. La memoria social mendocina, sin embargo, conserva las huellas de los perjuicios ambientales de la minería uranífera, aún sin remediar. Esa desconfianza estructural choca con los discursos de “desarrollo” y “apertura” que hoy se promueven desde la Casa Rosada.
Cornejo, la llave política
La Constitución Nacional otorga a los gobernadores la potestad sobre los recursos naturales de sus provincias. En ese marco, Alfredo Cornejo posee la llave política y legal del uranio mendocino. Su rol es decisivo: puede habilitar o frenar la explotación. Sin embargo, su alineamiento incondicional con Milei lo posiciona más como garante del plan libertario que como interlocutor con capacidad de negociación.
Mientras otros mandatarios provinciales buscan condiciones o resisten embates, Cornejo se autopostuló desde el inicio de su mandato como aliado estratégico de la Casa Rosada. Su mensaje celebrando la “libertad de Venezuela” se lee, entonces, como parte de un guion más amplio: el de un gobernador que se suma a la narrativa internacional de Milei y que prepara el terreno para la cesión de soberanía sobre recursos críticos.
Hebe Casado se puso la gorra
Hebe Casado acompañó el gesto de Cornejo con un posteo en la misma dirección. Su mensaje, aunque breve, reforzó la idea de que la provincia debe estar alineada con la estrategia nacional y con los intereses de Estados Unidos. La dupla Cornejo-Casado se muestra así cohesionada en la retórica y en la práctica, consolidando un discurso que combina celebraciones internacionales con decisiones locales de alto impacto.