Los números del costo de vida en Mendoza son elocuentes: mientras la Canasta Básica Total (CBT) para una familia tipo aumentó 32,9% en un año (de $758.529 en mayo 2024 a $1.008.470 en 2025), el rubro vivienda y servicios básicos, donde están incluídas las tarifas, se disparó 110,5%, convirtiéndose en una máquina de triturar los salarios de los mendocinos.
Ese número de la Canasta Básica Total para una familia tipo de 2 adultos y dos niños no incluye, sin embargo, el alquiler. En la Ciudad de Mendoza, alquilar un modesto departamento de dos ambientes cuesta al menos unos $460.000, y desde allí para arriba, el equivalente al 45% de la CBT (frente al 35% que representaba en 2024),en el caso de que ese valor estuviera incluído en la medición.
Es decir que el umbral de pobreza de los datos oficiales sólo contempla a familias propietarias. Si se tuviera en cuenta el valor del alquiler, el costo de la CBT sería mucho más alto.
El alquiler equivale a casi 3/4 partes de un salario promedio (estimado en $650.000 por sindicatos).
Los municipios más caros según Inmodata en abril:
Ciudad de Mendoza: $460.000
Godoy Cruz: $430.000
Guaymallén: $410.000
Servicios esenciales que se volvieron impagables
- Electricidad, gas, AYSAM: con aumentos del 110% representan uno de los mayores ajustes familiares. Los aumentos pedidos por los empresarios fueron autorizados por el Gobierno y en muchos casos son trimestrales.
- Colegios privados: subas del 56,9%, impulsadas por cláusulas indexadas al IPC.
- Alquileres: subas con un piso de 85% interanual, tensionadas por la inflación y una demanda creciente ante la imposibilidad de acceder a una casa propía.
La inflación versus la canasta básica
Según la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) creció 41,6% interanual a mayo de 2025, pero ese dato no alcanza para dimensionar la magnitud de la crisis que enfrentan las familias.
El dato más lapidario es otro: la Canasta Básica Total (CBT) —que marca la línea de pobreza— se disparó 32% en un año y superó el millón de pesos en abril: $1.008.470 para una familia tipo.
Aunque los alimentos subieron 34,1% (según la Canasta Básica Alimentaria), menos que el IPC general (41,6%), su impacto es tramposo:
- Productos esenciales como la carne (+40%), pan (+50%) y leche (+45%) superaron el promedio. Ese dato puede leerse linkeado al aumento de consumo de panificados en los supermercados de Mendoza versus la disminución en el consumo de carnes.
- El rubro vivienda (+110,5%) y servicios públicos (incluidos en el IPC) distorsionan la percepción de la inflación general, que se agravó mucho más por las tarifas, el costo de la atención médica y los alquileres.
Educación y salud, servicios que se volvieron impagables
- Colegios privados: cuotas que pasaron de $50.000 a $80.000 anuales (+60%).
- Salud prepaga: un plan familiar de $120.000 en 2024 hoy cuesta $180.000 (+50%).
Crisis estratificada
Los datos revelan una crisis estratificada: vivir por debajo del umbral de un millón de pesos por mes hoy implica estar por debajo de la línea de pobreza. La pobreza ya no está ligada exclusivamente a la falta de empleo, sino al desequilibrio estructural entre precios e ingresos, agravado por políticas públicas insuficientes.
Sumado a esto, todos los indicadores de empleo y desempleo dieron en rojo para Mendoza en la medición del cuarto trimestre de 2024 comparado al mismo período de 2023, con Javier Milei apenas sentado en el sillón presidencial.
Existe un incremento notorio de cantidad de personas que tienen empleo pero buscan otro porque no llegan a fin de mes o están en desacuerdo con las condiciones laborales.
En una población económicamente activa de 515.000 personas hay 490.000 con trabajo y 100.000 que buscan otro empleo. El aumento respecto a 2023 es de casi 20%.
En Mendoza, salir de la pobreza no depende solo de conseguir trabajo: hace falta multiplicar los ingresos por tres. Y aún así, no alcanzarían para garantizar salud, techo, educación y comida. La verdadera inflación no es la que mide el INDEC. La clase baja debe destinar casi todo su ingreso a alimentos y alquiler, mientras que la clase media es cada vez más baja y renuncia a salud y educación privada.