La empeñosa conquista que el gobierno de Javier Milei ensaya sobre la inversión extranjera parece haberse licuado en el desinterés manifiesto de la contraparte. La reciente licitación para la venta de la participación estatal en Transener, desprovista por completo de competidores foráneos, deprime las expectativas oficialistas cifradas en la atracción de capitales frescos mediante la enajenación de activos públicos. Lo que se proyectaba como una lluvia de divisas para afrontar los acuciantes vencimientos de deuda se reduce, por ahora, a una tormenta en un vaso de agua local.
La compañía Transener dista de ser un actor menor en el complejo tablero energético argentino. Con una operación que supera los 12.000 kilómetros de líneas de alta tensión y una red complementaria que añade otros 6.000 kilómetros, la empresa no solo es superavitaria, sino que ostenta una proyección de negocio francamente envidiable en un contexto de creciente demanda eléctrica. Para cualquier analista del sector, representa una de las auténticas "joyas de la corona" del patrimonio estatal, una pieza que el oficialismo está dispuesto a liquidar con el fin primordial —y casi excluyente— de obtener las divisas necesarias para honrar los compromisos externos.
El desolado concurso por Transener, huérfano de postores internacionales, no hizo más que poner en foco una característica definitoria del actual escenario de negocios en plena reconfiguración. Producto del giro brutal en el modelo económico derivado del traspaso de mando de Alberto Fernández a Milei, se observa un fenómeno inequívoco: el avance firme del establishment nacional sobre sectores estratégicos frente a una marcada retracción y desconfianza del capital extranjero.
La pulseada criolla por las venas del sistema
Ante la retirada táctica o el franco desinterés de los fondos internacionales, la pulseada por el control de la principal transportista eléctrica del país se reduce a nombres archiconocidos del ecosistema empresarial argentino. Lejos de importar capital genuino para ensanchar las fronteras de la economía, las privatizaciones en curso definen un nuevo tablero de reposicionamientos entre los dueños de las mayores fortunas locales y el dominio sobre los activos más estratégicos en torno al ejercicio del poder real.
En la subasta de Transener se presentaron tres ofertas formales, constelaciones corporativas en las que confluyen algunos de los empresarios más poderosos del país, varios de ellos notablemente potenciados bajo la gestión de Javier Milei. Detrás de cada propuesta subyace, al menos, un socio cuyo vínculo con la administración libertaria puede calificarse como mínimamente amable o, cuanto menos, de trato fluido.
Al momento de decidirse la privatización de activos valiosos en manos del Estado, brilló con intensidad la esperanza gubernamental en la conquista de inversiones extranjeras. Sin embargo, esa aspiración siempre operó bajo la sombra de una tentación latente: la de direccionar las licitaciones hacia operadores de cabotaje denominados con eufemismo "expertos en mercados regulados". Se trata, en muchos casos, de oportunistas locales que han demostrado habilidad para maximizar beneficios a corto plazo mediante subsidios estatales o maniobras financieras de ingeniería compleja, dejando tras de sí deudas estructurales y servicios públicos deteriorados. El plan de desestatización está encaminado a otro simple trasvase patrimonial hacia los sectores más poderosos, alejándose definitivamente de la prometida lluvia de inversiones foráneas.
Los sospechosos de siempre: nuevas alianzas
En la licitación de Transener se formalizaron tres ofertas que, lejos de ser compartimentos estancos, revelan un mapa de sociedades cruzadas entre los grupos que ya son dueños de los principales activos de la economía nacional.
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Jorge Brito con Alfredo Cornejo.
En primer lugar, la sociedad conformada por Edison, bajo control de la familia Neuss, y Genneia, perteneciente a la familia Brito —controlante del Banco Macro—. El músculo financiero de este dúo no es casual: proviene del ala gubernamental influenciada por el publicista y operador político Santiago Caputo. Esta vertiente del poder se encuentra actualmente en franco conflicto con el núcleo duro de la familia presidencial, merced al choque de intereses y áreas de influencia con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. La puja por Transener se convierte así en un reflejo de las internas palaciegas.
En segundo lugar, formalizó su oferta Edenor, empresa liderada por los empresarios mendocinos Daniel Vila y José Luis Manzano, junto a Mauricio Filiberti. Esta postulación tiene detrás la operación política directa de Manzano, un actor histórico del peronismo que hoy despliega una activa estrategia para expandir sus tentáculos en la economía nacional, cultivando una llegada cada vez más cercana y directa al despacho del presidente Milei. Su presencia en la compulsa confirma que el pragmatismo empresarial trasciende las fronteras ideológicas del pasado reciente.
Finalmente, la tercera opción en la carrera por el control de Transener la protagonizó Central Puerto, compañía liderada por Guillermo Reca, la familia Miguens-Bemberg y Eduardo Escassany (Grupo Financiero Galicia). Este consorcio representa el poder del establishment financiero-industrial más tradicional, aquel que ha sabido navegar las aguas de todos los gobiernos con soltura y que ahora busca asegurar su porción en el nuevo reparto de la infraestructura energética.
Fracasó la importación de inversores
Al menos según lo declamado en los discursos inaugurales, Milei buscaba seducir y atraer inversión extranjera con la venta de los activos argentinos en manos del Estado. No obstante, la retirada del Estado de Transener —lejos de captar jugadores trasnacionales de peso— servirá, en la práctica, para consolidar el poder económico y la capacidad de lobby del puñado de holdings que ya controlan los principales resortes de la economía nacional.
Entre los activos puestos a la venta por la administración Milei, el 50% de la participación estatal en Citelec —la sociedad controlante de Transener— era uno de los que mayor potencial de valorización presentaba. Sin embargo, el capital extranjero no respondió al llamado de la Casa Rosada, defraudando las expectativas de ingreso de divisas frescas. Ante este vacío, el establishment nacional se quedará inevitablemente con Citelec, máxime considerando que el socio actual del Estado en partes iguales dentro de Citelec es Pampa Energía, liderada por Marcelo Mindlin, un habitué del top ten de millonarios argentinos que publica anualmente la revista Forbes. La danza de nombres y apellidos es incesante, pero el círculo de beneficiarios sigue siendo asombrosamente reducido.