En las últimas horas YPF confirmó la venta de Malargüe y Chachahuén, las últimas áreas de petróleo convencional que aún mantenía en Mendoza. El anuncio se enmarca en una nueva etapa del Proyecto Andes, el programa de reorganización de activos que impulsa la petrolera estatal para concentrar sus esfuerzos en Vaca Muerta, la formación no convencional más prometedora del país. El plan contempla el abandono de pozos maduros, y detrás deja un tendal de despidos y pasivos ambientales sin remediar que difícilmente asuman las operadoras más chicas que se hacer cargo de esas áreas.
Con esta medida, YPF cierra definitivamente su participación en las áreas maduras mendocinas, una región que durante décadas fue clave en la producción de hidrocarburos. La decisión no solo tiene implicancias económicas, sino también sociales y ambientales.
Con el foco en Vaca Muerta
La empresa informó que los bloques que se pondrán a disposición del mercado pertenecen a los clústers Malargüe y Chachahuén, dos zonas históricas para la producción convencional en Mendoza. En particular, Chachahuén se destacaba por sus tareas de recuperación terciaria, una técnica avanzada para extraer petróleo de pozos envejecidos.
La venta no se limita a Mendoza. También incluye activos en otras provincias como Chubut, Neuquén, Río Negro, La Pampa y Salta. En total, se trata de 16 bloques convencionales —operados y no operados— que serán ofrecidos por el Banco Santander, entidad encargada de liderar el proceso de cesión. La venta no se limita a Mendoza. También incluye activos en otras provincias como Chubut, Neuquén, Río Negro, La Pampa y Salta. En total, se trata de 16 bloques convencionales —operados y no operados— que serán ofrecidos por el Banco Santander, entidad encargada de liderar el proceso de cesión.
Según el comunicado oficial de YPF, este plan forma parte del denominado “Plan 4x4”, una estrategia que busca reasignar capital de manera eficiente para potenciar el desarrollo de Vaca Muerta. La meta es ambiciosa: generar exportaciones por 30.000 millones de dólares para el año 2030.
El derrumbe de las regalías, una de las consecuencias
Durante los primeros cinco meses de 2025, Mendoza experimentó una transformación en la matriz de sus ingresos hidrocarburíferos: el gas natural ganó protagonismo en las regalías, mientras que el sector petrolero continúa su caída, con YPF como actor central en ese retroceso Aunque el repunte gasífero contribuyó al crecimiento global, no logró compensar por completo la merma petrolera, revelando un reordenamiento que interpela al futuro energético y fiscal de la provincia.
Aunque la producción de petróleo se mantuvo casi estable en los primeros cinco meses de 2025, según los datos de la Secretaría de Energía de la Nación, las regalías cayeron más de un 10% respecto al mismo período del año pasado. En el gas, la historia es distinta: la producción creció levemente y las regalías repuntaron, pero no lo suficiente para compensar el retroceso petrolero.
Aunque la empresa, y el mismo Gobierno, celebra esta reorganización como un paso hacia la modernización y la rentabilidad, el retiro de YPF de los pozos maduros ha dejado una estela de costos no resueltos. En Mendoza, por ejemplo, el abandono de estas áreas significó una pérdida económica considerable: la provincia dejó de percibir regalías equivalentes a medio Portezuelo del Viento, una obra largamente esperada.
El impacto social también fue profundo. La salida de YPF implicó la caída de cientos de contratos laborales, afectando a familias enteras que dependían de la actividad petrolera. Y en el plano ambiental, la situación es aún más crítica: Mendoza no recibió compensación alguna para la remediación y cierre de los pozos abandonados.
Los acuerdos en otras provincias
El Plan Andes, como se denomina esta estrategia de abandono de pozos maduros, se ha replicado en distintas provincias con resultados dispares. En Santa Cruz, por ejemplo, YPF desembolsó 335 millones de dólares para remediar los pasivos ambientales. En Chubut, la venta de concesiones a PECOM incluyó el costo de reparación ambiental en el precio de la operación.
Neuquén, por su parte, autorizó a YPF a desprenderse de áreas con más de 1.200 pozos y un millar de kilómetros de ductos mediante los decretos 372 y 380/2025. Las empresas Bentia Energy e Ingeniería Sima asumieron la operación, pero la cobertura ambiental pactada alcanza apenas cuatro años. La remediación de mil pozos costará US$ 1,17 millones, mientras que otras cuatro áreas serán compensadas con US$ 450.000.
En Mendoza en cambio, no se han anunciado compensaciones ni planes de remediación concretos. El silencio oficial preocupa, especialmente en un contexto donde los pasivos ambientales podrían convertirse en una carga para el Estado provincial.